La orden ejecutiva del 29 de enero de Donald Trump, que declara a Cuba como “una amenaza inusual y extraordinaria” para Estados Unidos, es un pretexto absurdamente falso diseñado para intensificar el sufrimiento del pueblo cubano en busca de un cambio de régimen. La única amenaza real proviene del gobierno de Estados Unidos, que intenta imponer su dominación sobre todo el hemisferio occidental, en consonancia con el llamado “corolario Trump” a la imperialista Doctrina Monroe.
Además de ser un instrumento de la agresiva política exterior de Estados Unidos, esta declaración también es un intento de distraer de las políticas internas fracasadas y profundamente impopulares de la administración Trump. Es una vieja táctica de la clase política estadounidense inventar una “amenaza” externa para desviar la atención de los problemas internos. En este momento, todo el país se está levantando en oposición a la brutal guerra de Trump contra las personas inmigrantes, y han tenido lugar protestas históricas que desafían las deportaciones masivas.
El objetivo principal de la orden ejecutiva es endurecer el bloqueo estadounidense contra la isla, haciendo imposible importar petróleo. Debido a que las importaciones de petróleo ya están extremadamente restringidas, y porque el bloqueo también afecta la importación de piezas de repuesto, el sistema eléctrico de Cuba está sometido a una presión enorme. Los apagones son comunes y causan grandes penurias al pueblo cubano.
Esta es la lógica brutal del bloqueo estadounidense: causar el mayor sufrimiento posible entre la población de Cuba y esperar que esto conduzca a una crisis interna que permita al gobierno de Estados Unidos lograr su objetivo histórico de derrocar el sistema socialista del país. Es a la vez un acto de gran crueldad y una violación escandalosa de la soberanía de Cuba.
En concreto, la orden ejecutiva busca lograr su objetivo al atribuirle a Trump la autoridad de imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. Esto incluye principalmente a México, Rusia y Venezuela. La orden ejecutiva también viola el derecho soberano de estas naciones a elegir a sus propios socios comerciales.
La designación de Cuba como una amenaza oficial es una continuación de la ofensiva imperial en América Latina que vio al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, secuestrado y llevado a Estados Unidos para enfrentar cargos fraudulentos. Venezuela es el proveedor de petróleo más importante de Cuba, y Trump quiere cortar esta línea de vida, así como otras.
La administración Trump también está amenazando con acciones militares contra Cuba. Ha amenazado con dirigir la armada que acumuló en el Caribe — la misma que usó para secuestrar a Maduro — contra Cuba en el próximo ataque. La propia Venezuela fue objeto de una declaración de “amenaza inusual y extraordinaria” bajo la administración Obama — una medida que abrió la puerta a una guerra económica total contra el país durante el primer mandato de Trump.
El pueblo de Estados Unidos quiere vivir en paz con nuestros vecinos. La arremetida belicista de Trump en todo el mundo solo busca hacer aún más ricos a millonarios y multimillonarios, y garantizar que la maquinaria de guerra del Pentágono reine sin competencia. La mayoría de las personas en este país quiere una normalización de relaciones con Cuba. Esto se expresa no solo en la opinión pública, sino también en las posturas de un número creciente de funcionarios electos. La representante Nydia Velázquez calificó la medida como “una guerra económica diseñada para matar de hambre al pueblo cubano”. La representante Rashida Tlaib lo dijo de manera contundente y acertada: “Esta orden ejecutiva matará a innumerables cubanos inocentes. Estoy horrorizada por el intento de la administración Trump de estrangular a todo un pueblo”.
¡El bloqueo debe terminar ya! Tan solo el año pasado, el bloqueo le costó a la economía cubana 7.6 mil millones de dólares. El total desde el inicio del bloqueo es de 170.7 mil millones — cifra que sube a 2.1 billones (trillions en inglés) cuando se consideran la inflación y otros daños económicos. Es dinero que, de otro modo, se habría utilizado para garantizar que las y los cubanos tuvieran acceso a alimentos, medicinas y otras necesidades para una vida digna. Esta política cruel e ilegal debe terminar de inmediato.
La clase trabajadora en Estados Unidos debe oponerse a la política de estrangulamiento económico de la administración Trump contra Cuba y contra toda América Latina. Esto no tiene nada que ver con “amenazas” a Estados Unidos — se trata únicamente de enriquecer a ejecutivos corporativos, facilitando el saqueo de los pueblos y los recursos del hemisferio.




