Desde principios de septiembre, el gobierno de Trump ha estado llevando a cabo ataques contra barcos pesqueros, asesinando a decenas de personas. Estos ataques se justifican con el argumento de que las embarcaciones están vinculadas a carteles de la droga, a pesar de que no existe ninguna prueba que lo respalde. El “Departamento de Guerra” de los Estados Unidos (United States Department of War) está cometiendo violaciones que amenazan la soberanía de Venezuela y empujan hacia una guerra total que tendría consecuencias devastadoras para los pueblos de América Latina y para la clase trabajadora en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, Trump, en su segundo mandato, ha intensificado la agresión contra Cuba, volviendo a designarla como “Estado patrocinador del terrorismo” después de que Joe Biden la eliminara de la lista en los últimos días de su presidencia. Para Cuba, esta designación, junto con el bloqueo estadounidense que dura ya décadas, se traduce en graves carencias de medicinas, alimentos, combustible y artículos de primera necesidad. El gobierno de Trump también ha arremetido contra las misiones médicas cubanas en otros países, acusando falsamente al gobierno de “trabajo forzado” y “trata de personas” y suspendiendo las visas de altos funcionarios latinoamericanos y africanos que facilitan estos programas.
Quienes vivimos en las entrañas de la bestia tenemos la profunda responsabilidad de ponernos del lado de Venezuela y Cuba. Mientras una y otra vez las y los políticos estadounidenses han abandonado a su clase trabajadora en el propio país, fueron estos gobiernos socialistas quienes —a pesar de los desafíos internos provocados por la agresión permanente de Estados Unidos— brindaron ayuda material y solidaridad en momentos de crisis.
El gobierno bolivariano de Chávez lleva combustible al South Bronx
En 2005, el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, visitó el South Bronx en la ciudad de Nueva York durante el 60.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (United Nations General Assembly, UNGA). Esta visita ocurrió después de que una docena de senadores estadounidenses enviaran una carta a las 10 mayores compañías petroleras pidiéndoles que utilizaran sus ganancias récord para ayudar a las familias de bajos ingresos a pagar el combustible de calefacción —CITGO Petroleum Corporation, una subsidiaria con sede en Houston de la empresa petrolera estatal venezolana, fue la única corporación que respondió al llamado—. El South Bronx era, y sigue siendo, uno de los distritos congresionales más pobres de Estados Unidos. Durante su viaje a Nueva York, Chávez fue invitado a visitar el vecindario por su representante en el Congreso, el demócrata José E. Serrano, quien en su momento también invitó a Fidel Castro al South Bronx. Chávez pasó varias horas conversando con organizaciones comunitarias de base, desde luchas por la justicia ambiental hasta colectivos de mujeres de color.
La visita dio lugar a un programa de tres años, desarrollado entre 2007 y 2010, mediante el cual Venezuela aportó 1 millón de dólares anuales. Petro-Bronx, una coalición de organizaciones de base y residentes, se formó y puso el control de cómo se usarían los fondos en manos de un vecindario integrado por 500,000 personas trabajadoras. Cientos de miles de hogares, albergues y comunidades indígenas se beneficiaron de la iniciativa Petro-Bronx. Este acuerdo también impulsó la recuperación económica del South Bronx en el primer año de su implementación. Las contribuciones de Venezuela para apoyar al South Bronx son recordadas con cariño por sus residentes.
Serrano dijo sobre Chávez: “Se identificó con el Bronx porque, en muchos sentidos, era igual que la América Latina que él quería cambiar… Se sintió muy cómodo con la gente, y la gente se sintió cómoda con él. No se puede negar el trabajo que hizo en el Bronx”.
A lo largo de ocho años, Citgo donó 7 millones de galones de combustible para calefacción. La solidaridad entre el gobierno de Chávez y las personas trabajadoras y pobres del Bronx fue incuestionable, especialmente en un periodo en el que las presidencias de George W. Bush y Barack Obama prácticamente no brindaron apoyo material a uno de los distritos más pobres del país.
La mano solidaria de Cuba y Venezuela con las víctimas del huracán Katrina
Hace dos décadas, el huracán Katrina arrasó la Costa del Golfo de Estados Unidos, devastando ciudades en lugares como Florida y Mississippi. La población mayoritariamente negra de Nueva Orleans sufrió el peso del desastre, dejando al descubierto las profundas venas de desigualdad estructural, racismo y abandono gubernamental en Estados Unidos. Más de 1,800 personas murieron y millones fueron desplazadas internamente en medio de la desastrosa respuesta inicial del gobierno de Bush. La ciudad abandonó a su gente, dejando entre 16,000 y 30,000 personas varadas durante siete días en el Louisiana Superdome. Las condiciones en el Dome se deterioraron rápidamente: los generadores fallaron, no había saneamiento ni plomería funcional. Decenas de miles durmieron en charcos de orina, los inodoros se desbordaron y se agotaron suministros básicos como alimentos y fórmula para bebés. Distintos informes señalan que al menos 10 personas murieron mientras estaban atrapadas en el Dome.
Mientras el desastre se desenvolvía en los primeros días, fue el gobierno cubano quien extendió una oferta formal de solidaridad incondicional. El 2 de septiembre, Fidel Castro anunció que Cuba estaba lista para enviar una brigada médica de 1,586 médicos y médicas con 36 toneladas de suministros médicos. Castro afirmó que podían movilizar a la brigada en grupos de 100 que llegarían dentro de las 12 horas posteriores a que se les concediera el permiso. Este nivel de preparación y disposición de las y los médicos cubanos —reconocidos mundialmente— se basaba en la experiencia de brindar salud gratuita y socializada a millones de personas en África, Asia y América Latina. Ese mismo año en que Chávez envió combustible para calefacción al South Bronx, el gobierno venezolano —a través de CITGO Petroleum Corporation— prometió donar 1 millón de dólares para las labores de socorro tras el huracán Katrina. La oferta de Venezuela incluía dos unidades móviles hospitalarias, 120 especialistas en rescate y primeros auxilios y 50 toneladas de alimentos.
El gobierno de Bush acabó rechazando ambas ofertas, a pesar de que la entonces gobernadora de Louisiana, Kathleen Blanco, aparentemente acogió con beneplácito la ayuda. Este rechazo —enraizado en las hostilidades de la era de la Guerra Fría de la clase capitalista estadounidense— tuvo consecuencias profundas para las víctimas de la tormenta. Un residente negro lo resumió de manera famosa: “¿Dónde estaba nuestro gobierno? Nos dejaron morir”. En ese momento, las prioridades del gobierno estadounidense dejaron en evidencia su incapacidad para responder a una crisis de gran magnitud, al mismo tiempo que rechazaba la ayuda desesperadamente necesaria de sus vecinos del sur.
¡Financiar las necesidades del pueblo, no la maquinaria de guerra!
Estados Unidos sigue castigando al pueblo venezolano mediante sanciones, operaciones encubiertas y el reconocimiento diplomático de figuras de la oposición como María Machado. Al priorizar el financiamiento de la maquinaria de guerra, con billones de dólares destinados al Pentágono, al mismo tiempo niega alivio económico y estabilidad a la clase trabajadora en el propio país. Esta hostilidad contrasta con el internacionalismo de Cuba y Venezuela. Ya sea en 2005 o en 2025, el manual del imperialismo estadounidense sigue siendo fundamentalmente incapaz de resolver las muy reales crisis internas e internacionales.
Aunque Venezuela siente el peso de las sanciones estadounidenses, el gobierno bolivariano encabezado por Maduro envió 46 toneladas de ayuda a Cuba y Jamaica para apoyar a ambos países tras el paso del huracán Melissa. Se están preparando envíos adicionales para entregar a Cuba otras 3,000 toneladas de ayuda. Esta entrega se realiza en el 25.º aniversario del Acuerdo Integral de Cooperación firmado por Hugo Chávez y Fidel Castro. Este acuerdo sentó las bases para la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Bolivarian Alliance for the Peoples of Our America, ALBA). El embajador cubano Jorge Mayo Fernández dijo: “Mientras el imperio presiona y amenaza a los pueblos de Nuestra América, la hermana Venezuela cruza el Caribe con barcos y aviones de solidaridad —aviones de amor—”.
Los pueblos de las Américas quieren paz y cooperación regional. Cuando nuestra clase sufre aquí en casa, son otros países y sus pueblos quienes siguen defendiendo la vida digna por encima del capital. ¡La comunidad internacional ya ha demostrado que rechaza el bloqueo estadounidense contra el pueblo cubano y la violación de la soberanía de Venezuela!
Imagen destacada: Secuelas del huracán Katrina en 2005. Crédito: Flickr / Newsmuse (CC BY-NC-ND 2.0)



