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Trump intensifica la agresión contra Venezuela

Las escaladas militares de la administración Trump, que llevan meses hacia Venezuela, han entrado en una nueva y peligrosa fase. Entre el 2 de septiembre y el 16 de octubre, el ejército estadounidense asesinó a 34 personas en seis ataques contra pequeñas embarcaciones pesqueras en el Caribe, frente a las costas de Venezuela y Colombia. El 22 y 23 de octubre, Estados Unidos amplió esta agresión al Pacífico oriental, bombardeando allí dos botes pequeños y elevando a 37 el número de personas asesinadas.

El 15 de octubre, Trump autorizó a la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA) a realizar operaciones encubiertas dentro de Venezuela. El ejército estadounidense ha estado acumulando de manera constante un gran número de tropas y fuerzas navales y aéreas en el Caribe. Ahora Trump se está perfilando hacia una intervención militar con tropas en el terreno, y sugirió más recientemente, el 22 de octubre, que las fuerzas estadounidenses golpearán pronto objetivos en tierra en Venezuela.

Estas violaciones de la soberanía de Venezuela representan una peligrosa escalada hacia una guerra total, que sería catastrófica para los pueblos de América Latina y para la clase trabajadora de Estados Unidos.

Mientras tanto, el Premio Nobel de la Paz fue otorgado a María Corina Machado, una dirigente opositora venezolana de ultraderecha y defensora abierta del “cambio de régimen” en Venezuela, con antecedentes de fomentar la violencia e incluso de pedirle al régimen israelí genocida que invadiera Venezuela.

Tanto dentro de Estados Unidos como a nivel internacional, personas de conciencia están alzando la voz contra los ataques de Trump y en solidaridad con el pueblo venezolano.

El “Premio” Nobel de la Paz

El 10 de octubre, el Premio Nobel de la Paz fue concedido a la opositora venezolana de derecha María Corina Machado, una férrea defensora del cambio de régimen violento en su propio país. Machado organizó el primer intento de golpe contra el entonces presidente Hugo Chávez en 2002, ocasión en la que ayudó a introducir las tácticas violentas de “guarimba” que desde entonces han sido el sello de la ultraderecha venezolana. Estas tácticas van desde incendios provocados y el bloqueo de barrios enteros hasta el asesinato de simpatizantes de la Revolución Bolivariana. Machado apoyó posteriores operaciones de cambio de régimen en 2014 y 2019. Dado su historial terrorista, no sorprende que sea una firme partidaria de Estados Unidos y del genocidio de Israel en Palestina, e incluso haya pedido al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que invadiera Venezuela.

La clase dominante occidental ha ignorado convenientemente la promoción de la violencia antisistema por parte de Machado porque sus políticas sirven a los objetivos imperialistas para Venezuela. Al otorgarle el Nobel, el Comité utilizó hipócritamente su prestigio internacional para presentar a esta promotora de la violencia como una adalid de los derechos humanos y la democracia, dando un impulso a las fuerzas que buscan derrocar al gobierno venezolano. Machado incluso dedicó el premio a Donald Trump y ya está utilizando la nueva legitimidad que le brinda este galardón para reforzar sus llamados a un cambio de régimen respaldado por Estados Unidos en Venezuela.

“Al otorgar el premio a Machado, el Comité Nobel ha extendido una invitación abierta para que Trump continúe —e incluso escale— la intervención militar y la ‘diplomacia de cañonero’ en América Latina”, afirmó Steve Striffler, director del Centro de Recursos Laborales de la Universidad de Massachusetts en Boston (UMass Boston Labor Resource Center), en un artículo de opinión para Al Jazeera.

La campaña de desestabilización a largo plazo

La justificación de Trump para los ataques marítimos — y ahora para la intervención de la CIA — se basa en la afirmación de que Venezuela es una gran fuente de narcotráfico hacia Estados Unidos, lo cual es completamente falso. El objetivo real de la administración Trump es destruir al gobierno venezolano y abrir los recursos naturales del país a la explotación por parte de corporaciones estadounidenses.

Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Antes de 1998, esas reservas estaban abiertas a la extracción por empresas privadas occidentales, mientras el pueblo venezolano era relegado a la pobreza. Cuando Hugo Chávez fue elegido en 1998, inició un proceso socialista conocido como la Revolución Bolivariana. Chávez nacionalizó el petróleo y utilizó las ganancias para sacar de la pobreza a millones de venezolanos, en lugar de engrosar los bolsillos de los multimillonarios extranjeros. Venezuela amplió la vivienda, la atención de salud, la educación y la participación democrática en la sociedad para la clase trabajadora y los sectores oprimidos. Tras la muerte de Chávez, Nicolás Maduro fue elegido en 2013 y continuó el proceso socialista.

Desde la llegada de Chávez al poder, Estados Unidos ha empleado un abanico de tácticas para derrocar la Revolución Bolivariana. Varias administraciones han recurridov al alarmismo de la “guerra contra las drogas” y a inventar vínculos con cárteles para desacreditar al gobierno venezolano. Washington ha respaldado múltiples intentos de golpe, avalado operaciones terroristas de la derecha, desacreditado en repetidas ocasiones los procesos electorales e impuesto devastadoras sanciones económicas a Venezuela. Su estrategia de desestabilización consiste en librar una guerra híbrida, es decir, una combinación de sabotajes legales, políticos y económicos — abiertos y encubiertos — para paralizar a adversarios externos.

Cuando Trump volvió al poder en enero, su administración llevó la guerra híbrida contra Venezuela al máximo, nuevamente bajo el pretexto de la guerra contra las drogas. Esto incluye la persecución de personas migrantes venezolanas dentro de Estados Unidos. En marzo, Trump deportó a más de 200 venezolanos a un campo de detención en El Salvador bajo acusaciones falsas de pertenecer a un cártel llamado Tren de Aragua. El anuncio de nuevas operaciones de la CIA en Venezuela trae a la memoria el sangriento legado de esa agencia en el apoyo a golpes de Estado y dictaduras de derecha en América Latina, siempre al servicio de los intereses corporativos estadounidenses.

El mundo contra el imperialismo estadounidense

Maduro ha condenado las reiteradas violaciones de Washington a la soberanía de Venezuela y ha movilizado tanto a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana como a una milicia armada de 4,5 millones de personas para resistir una posible invasión de Estados Unidos. También alertó al Consejo de Seguridad de la ONU sobre la escalada sin precedentes de Estados Unidos.

La escalada bélica de Trump está encontrando resistencia dentro de Estados Unidos. El Departamento de Guerra anunció la semana pasada que el almirante Alvin Hosley, comandante de las fuerzas militares en América Latina, dejará el cargo tras menos de un año en el puesto. No se indicó una razón oficial, pero The New York Times informa que Holsey expresó preocupación por las operaciones estadounidenses en Venezuela.

Una coalición de 108 organizaciones progresistas en Estados Unidos envió recientemente una carta exigiendo una investigación del Congreso sobre los ataques de Trump en el Caribe, citando violaciones de la Constitución de Estados Unidos y del Derecho Internacional.

A nivel internacional, el presidente colombiano, Gustavo Petro, acusó a Trump de asesinar a un pescador colombiano en uno de los ataques de septiembre. En represalia, Trump cortó toda la ayuda exterior a Colombia.

Petro afirmó que las fuerzas armadas colombianas no apoyarían una intervención militar estadounidense en Venezuela y llamó a consulta al embajador de Colombia en Washington. “¿Qué colombiano ayudaría a invadir donde viven sus propias familias, para verlas morir como en Gaza?”, dijo Petro. Sus palabras dejan claro que defender a Venezuela es plantarse frente al imperialismo estadounidense a escala global.

Países como Cuba, China y Brasil también han condenado recientemente la intervención de Estados Unidos en Venezuela.

Mientras la administración Trump aplica recortes masivos a programas de los que dependen las y los estadounidenses de la clase trabajadora para sobrevivir, está despilfarrando miles de millones de dólares en un cambio de régimen en Venezuela. Al mismo tiempo que reprimen derechos democráticos y despliegan a la Guardia Nacional contra su propio pueblo, sus proclamas de “defender la democracia” quedan vacías. Y cuando más de 100.000 estadounidenses mueren cada año por sobredosis, la responsabilidad recae en políticas internas represivas de “ley y orden”, recortes a la atención de salud, falta de empleos y programas de tratamiento de adicciones, y el empoderamiento de la gran industria farmacéutica (Big Pharma) — no en las y los venezolanos.

Los pueblos de Nuestra América necesitan paz y estabilidad a través de la cooperación regional, no otra guerra imperialista. La clase trabajadora de Estados Unidos debe unirse a la comunidad internacional para condenar los ataques de Trump a la soberanía de los pueblos de América Latina. ¡Financien las necesidades del pueblo, no la maquinaria de guerra estadounidense! ¡Con Venezuela! ¡Con América Latina!

Foto: Coalición ANSWER (Act Now to Stop War and End Racism)

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