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Assata Shakur (1947 – en adelante)

Assata Shakur se ha sumado al panteón de ancestras y ancestros revolucionarios, dejando un legado de amor profundo por el pueblo, de resistencia y de firmeza en la lucha por la liberación. Su vida fue una acusación contra la supremacía blanca, el capitalismo y el imperialismo de Estados Unidos, y un testimonio de la voluntad inquebrantable de los pueblos oprimidos de resistir.

Nacida como JoAnne Byron en 1947, creció en medio del auge de la lucha contra la segregación, la pobreza y las guerras imperialistas de Estados Unidos. Fue una época en la que millones de personas negras se mudaron del Sur rural a ciudades del Norte y del Oeste para huir de las leyes de Jim Crow, solo para encontrarse con segregación en la vivienda y las escuelas, pobreza y brutalidad policial. Su vida se convirtió en respuesta directa a las contradicciones de la época en que nació. Assata — el nombre y la revolucionaria — nació de la lucha por la liberación negra. Vivió una vida dedicada por completo a la libertad de su pueblo durante uno de los periodos más represivos de la historia de Estados Unidos.

Se atrevió a servir a su comunidad, a estudiar y enseñar sobre luchas de liberación, a protestar contra la guerra imperialista, a enfrentar la brutalidad policial y a imaginar y aportar a la construcción de un mundo más allá de la explotación. Eso la convirtió en un blanco. Fue su compromiso con la organización, y su liderazgo en el Partido Pantera Negra (Black Panther Party, BPP) y en el Ejército de Liberación Negra (Black Liberation Army, BLA) — organizando por dignidad, sobrevivencia y autodeterminación — lo que la convirtió en una “amenaza” para el gobierno de Estados Unidos.

Como muchas lideresas, líderes y luchadoras por la libertad de su tiempo, fue objeto de persecución, hostigamiento y criminalización por el programa COINTELPRO del Buró Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigation, FBI) — diseñado para aplastar a los movimientos de pueblos negros, indígenas y otros. Fue falsamente acusada y condenada por un crimen que no cometió, y encarcelada en condiciones terribles. Pero el pueblo se negó a dejarla morir tras las rejas. Assata fue liberada de prisión por sus compañeras y compañeros en 1979 y recibió asilo político en Cuba en 1984.

Desde el exilio siguió alzando su voz por la liberación. Por ello, continuó siendo objetivo del gobierno estadounidense y fue implacablemente perseguida. Para los movimientos populares del mundo, Assata se convirtió en un emblema vivo de esperanza y resiliencia.

Su historia no es solo de desafío individual, sino un relato profundamente entrelazado con la lucha por la liberación negra. La vida de Assata reafirma que la verdad no puede encarcelarse, y que ninguna recompensa puede borrarla. De hecho, es el gobierno de Estados Unidos — con sus guerras, sus prisiones, sus instrumentos represivos y su sistema económico explotador — el verdadero peligro para la humanidad. Nos recuerda que el camino hacia la liberación es difícil, pero urgentemente necesario; que resistir no es solo sobrevivir, sino amar. Resistir la opresión, la represión y la explotación no es solo nuestro derecho humano, sino nuestro deber.

El legado de Assata habla directamente al mundo en que vivimos hoy. De Ferguson a Gaza, a Haití y por toda África, Estados Unidos continúa sus guerras por lucro, sus ataques a los movimientos populares y sus mortíferas sanciones contra aproximadamente un tercio de la población mundial. En casa, los multimillonarios y sus políticos intensifican los ataques contra la clase trabajadora, aumentan la represión y la vigilancia, recortan la salud, la educación y la dignidad básica, mientras expanden los presupuestos de prisiones y policía. La vida de Assata nos recuerda que la liberación nunca será concedida por las y los opresores — debe ser construida por el pueblo.

Assata es y seguirá siendo una de las revolucionarias más queridas y veneradas de nuestro tiempo. Para quienes aman la libertad, para organizadoras, organizadores y revolucionarias y revolucionarios que han salido a las calles contra el racismo, la brutalidad policial, el encarcelamiento masivo y la guerra imperialista — Assata Shakur es un espejo, no una figura histórica distante. Su pérdida física es profunda, y también es un llamado a la acción.

Honrar a Assata no es simplemente repetir sus palabras, sino continuar la lucha. Es construir conciencia socialista, defender los derechos de los pueblos oprimidos a la autodeterminación y la libertad. Honrar a Assata es comprender su rechazo a un sistema construido sobre el genocidio y la esclavitud — en tierra robada, con vidas robadas y trabajo robado. Es alzar los nombres y sumarse a la lucha por la libertad de todas y todos los presos políticos. Es escoger un camino de transformación revolucionaria en tiempos contrarrevolucionarios. Es luchar contra el bloqueo económico y comercial de Estados Unidos a Cuba. Es optar por dedicar nuestra vida a la liberación del pueblo negro y de la clase trabajadora. Es escoger el internacionalismo y la solidaridad en tiempos de agresión y guerra imperialista de Estados Unidos.

Miramos su vida para fortalecernos. Llevamos sus palabras como afirmación. Continuamos su legado como promesa para el futuro.

Assata vive y nuestra lucha continúa, hasta la liberación.

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