Estamos en un momento de inflexión. Millones de personas se preguntan: “¿cómo detenemos este terror que siembran el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE), la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) y todos estos otros agentes federales y sus auxiliares contra las personas inmigrantes?” Este momento ha creado una crisis en el país — el pueblo trabajador está indignado al ver a personas ejecutadas en la calle y secuestradas en nuestros vecindarios a plena luz del día.
Las y los estudiantes de la Universidad de Minnesota han lanzado un llamado para que personas de todo el país hagan un paro nacional este viernes 30 de enero. No seguiremos como de costumbre: cero trabajo, cero escuela, cero compras. Un paro económico es la manera de hacer sentir nuestro poder como clase trabajadora y como pueblos oprimidos de una forma que no se puede negar, para cambiar el rumbo contra el ICE, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (Customs and Border Protection, CBP) y los ataques contra las comunidades inmigrantes y contra toda la clase trabajadora y los pueblos oprimidos.
Ahora bien, sabemos que un llamado así conlleva preguntas. El pueblo está en pie de lucha, está listo, y se puede ver cómo se manifiesta en todo el país de muchas maneras distintas. El llamado está siendo retomado por todos los sectores de la sociedad — desde organizaciones de base hasta celebridades, sindicatos, sindicatos de inquilinos y gente de a pie. Es importante entender que este llamado se inscribe plenamente en la historia de cómo han surgido las huelgas generales en este país desde mediados del siglo XIX.
La historia deja claro que las huelgas generales y otras rebeliones masivas por lo general echan raíces después de que un grupo relativamente pequeño de trabajadores, seleccionados como blanco, es brutalmente reprimido — y muchas veces asesinado — por las fuerzas del Estado, ya sea la policía, la Guardia Nacional o incluso milicias privadas. La indignación combinada crea una ola de rabia que recorre el país y abre la posibilidad de paralizar ciudades y estados enteros en defensa de la dignidad humana.
Desde el siglo XIX…
La Gran Huelga de 1877 esencialmente paralizó la economía de todo el país y les metió un miedo tremendo a todas las élites gobernantes. La huelga surgió de ciudad en ciudad, muchas veces sin organización en el sentido formal — la encabezaba quien lograra ponerla en pie de manera espontánea. Grupos orgánicos se juntaron con los pocos partidos y sindicatos dispuestos a participar, pero en el fondo fue un movimiento de masas en respuesta a que, en aquel momento, casi toda la gente trabajadora y oprimida vivía con salarios de hambre.
Las y los trabajadores, comenzando por los y las trabajadoras ferroviarias, pero extendiéndose más allá, dijeron: “vamos a responder, vamos a irnos a la huelga para exigir la capacidad más básica de sobrevivir. Necesitamos un salario decente y condiciones de trabajo dignas”. Por la violencia brutal, especialmente en Pittsburgh, hubo una indignación masiva en todo el país. A la gente la estaban acribillando en las calles. Mucha gente sintió: “¡este es nuestro momento: tenemos que levantarnos y demostrar que podemos ampliar esta huelga y convertirla en algo nacional, paralizar el país en defensa de la dignidad humana básica para la clase trabajadora!”
Y lo hicieron — desde Pittsburgh hasta Baltimore, Martinsburg (Virginia Occidental), Buffalo, Albany, Chicago, St. Louis (donde la clase trabajadora de hecho tomó la ciudad y la administró durante unos días) y Galveston (Texas), donde trabajadores negros en los muelles y en las lavanderías lograron organizarse con éxito para aumentar sus salarios.
Pudieron paralizarlo todo, pero no era algo preparado con antelación. Las y los trabajadores lograron organizarse sobre la base de organizaciones existentes, relativamente modestas, fusionando esa organización embrionaria con la rabia espontánea de las masas. Al combinar esas dos cosas, pudieron enfrentar los desafíos según iban surgiendo.
… hasta la Gran Depresión…
Podemos ver algo similar en Minneapolis y en San Francisco en 1934, cuando grupos de trabajadores de una industria fueron blanco de la violencia estatal. Eso transformó la simpatía latente hacia sus luchas en huelgas generales que paralizaron ambas ciudades, en desafío al terror de la clase capitalista y en defensa de los derechos del pueblo trabajador.
En ambos casos, los sindicatos que lanzaron las huelgas en algunas de las industrias iniciales estaban conectados con partidos políticos socialistas y campañas sindicales en auge, pero no eran instituciones gigantescas del poder obrero. Lo que sí tenían era suficiente organización para que, cuando la rabia espontánea de la clase trabajadora en ambas ciudades dijo “ya basta, estos trabajadores tenían razón al defender sus derechos”, pudieran canalizar ese poder para detener las ciudades y conquistar las demandas.
Se organizaron y fueron enfrentando los retos a medida que aparecían. Organizaron la distribución de alimentos para que nadie pasara hambre. Organizaron el orden público. Hicieron distintos “milagros” que mucha gente no habría creído posibles de improvisar. Pero como tenían un nivel de organización y la determinación de cientos de miles de trabajadores para encontrar la forma de derrotar a los patrones en defensa de la dignidad de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos, salieron victoriosos en ambos casos.
… hasta la Revolución por los Derechos Civiles…
Podemos buscar ejemplos de este fenómeno histórico fuera del movimiento obrero. En el desarrollo del Boicot de Autobuses de Montgomery se ve un precedente similar: acciones que fusionan organización existente con rabia colectiva para convertirse en algo mayor que la suma de sus partes.
En Montgomery, organizaciones como el Comité Político de Mujeres (Women’s Political Committee) y la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (National Association for the Advancement of Colored People, NAACP) ya venían organizándose desde hacía tiempo. Aun así, seguían siendo un núcleo relativamente asediado en ese bastión segregacionista. Cuando Rosa Parks decidió plantarse, se crearon las condiciones para que esas y esos organizadores llamaran a un boicot de autobuses de un día.
La respuesta de las masas fue tan grande que decidieron extender el boicot y formar nuevas organizaciones políticas, y levantar nuevos liderazgos, incluido el del Dr. Martin Luther King Jr., que había llegado a la ciudad recientemente. Enfrentaron enormes desafíos, pero los fueron superando uno por uno porque tenían un núcleo organizador con experiencia y conocimiento, y tenían la determinación de las masas por triunfar. Al unir esas dos fuerzas, pudieron resolver los problemas de manera dinámica, en el momento.
De forma parecida, en Birmingham, un plan elaborado con mucho esfuerzo por organizaciones de Derechos Civiles para derribar la segregación se vino abajo. Pero la juventud de Birmingham, desde primaria hasta secundaria, empezó a ir a reuniones de organización exigiendo marchar y acabar con la segregación en su ciudad. Sabemos que lo lograron, pero no fue algo planificado. No era algo que necesariamente alguien esperaba, pero esas imágenes han quedado para la historia.
Mucha gente denunció a los líderes de Derechos Civiles y dijo: “¿cómo pudieron mandar a niños a hacer esto?” Pero no los estaban mandando — los niños exigían salir — y las y los organizadores existentes los apoyaron y los ayudaron a hacer crecer el movimiento y a voltear la balanza contra la segregación.
… ¡paralizamos el país juntes!
Así que cuando pensamos en el momento actual, eso es lo que tenemos que tener presente. Hay desafíos, hay riesgos — para mucha gente puede haber mucho riesgo —, pero mientras más actuemos juntas y juntos, en coordinación, más podemos reducir ese riesgo. Mientras más actuemos juntas y juntos, más podremos enfrentar los retos, y al igual que en 1934 en San Francisco y Minneapolis, y al igual que en el Movimiento por los Derechos Civiles, podemos superar enormes dificultades y encontrar maneras de sostener a nuestra gente, porque contamos con un nivel inicial de organización, tal como contaban ellos.
Miren lo que ya ha despertado el llamado de las y los estudiantes de la Universidad de Minnesota: el movimiento de solidaridad con Palestina, fuerzas del movimiento obrero, organizaciones políticas, celebridades, personas organizando ayuda mutua, gente de todos los orígenes imaginables que se han aferrado a este llamado porque han reconocido la justicia de la convocatoria del 30 de enero y están listas para actuar.
Si logramos fusionar la organización existente que hemos construido a través de muchas luchas distintas, no hay nada que no podamos superar, y la historia lo demuestra. El llamado de estas y estos estudiantes a un cierre nacional — no hay negocio como de costumbre, no trabajar, no ir a la escuela, no comprar — sí, una huelga general nacional — está en la tradición directa de cómo han surgido históricamente las huelgas generales en este país: unir el nivel de organización que tengamos con la rabia, la indignación y la determinación de las masas para actuar. Y así como en esos casos del pasado fuimos victoriosos, podemos serlo ahora.
Podemos cambiar el rumbo. Ya está empezando a cambiar. Ahora es el momento. Aunque sea cuesta arriba, sabemos que ha sucedido antes y puede volver a suceder hoy.




