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La defensa internacional del trabajo: 100 años de ley y lucha

El 28 de junio de 2025 marca el centenario de la fundación de la Defensa Internacional del Trabajo (International Labor Defense, ILD). Esta organización de abogadas y abogados militantes y miles de simpatizantes allanó el camino para muchas estrategias legales basadas en el poder popular y fue precursora de otras organizaciones legales progresistas que siguen activas hoy, como el Gremio Nacional de Abogados (National Lawyers Guild). La ILD representó a acusados en varios casos políticos sumamente controversiales, como los de Sacco y Vanzetti, Tom Mooney, Angelo Herndon y los Jóvenes de Scottsboro. Fue pionera en el uso de tácticas de presión que siguen empleándose hoy, como las campañas de defensa comunitaria para generar apoyo masivo.

A pesar del legado y el impacto duradero que dejó en el ejercicio del derecho —especialmente en los espacios políticos radicales—, su historia sigue siendo frecuentemente invisibilizada o ignorada. Sin embargo, en este centenario, en un contexto político marcado por fallos de la Corte Suprema contra personas trans, el resurgimiento de leyes estilo Pánico Rojo para criminalizar a quienes apoyan a Palestina, y deportaciones extrajudiciales de migrantes, las lecciones revolucionarias de la ILD son más necesarias que nunca.

Nacida de la lucha

La ILD surgió ante la necesidad urgente de contar con abogadas y abogados organizados, capacitados y con conciencia política. A principios del siglo XX, un poderoso movimiento obrero dirigido por socialistas venía ganando importantes batallas contra los barones capitalistas de la era del Dorado. Después de la Revolución Rusa de 1917, la clase dominante estadounidense temía que un levantamiento similar ocurriera en su propio territorio. ¿Qué no podría lograr una clase trabajadora organizada y envalentonada?

Los capitalistas respondieron con violencia, y así comenzó una cacería de brujas conocida como la Primera Red Scare. Militantes de izquierda —desde comunistas hasta anarquistas— fueron brutalmente perseguidos durante las redadas de Palmer de 1919 y 1920. Estas redadas, dirigidas por el fiscal general A. Mitchell Palmer bajo la presidencia de Woodrow Wilson, allanaron hogares y sedes sindicales para capturar a los líderes anticapitalistas más combativos del momento, arrestando y tratando de deportar a miles de dirigentes obreros, en su mayoría inmigrantes.

En 1920, se formó apresuradamente el Comité Nacional de Defensa para proteger a las personas arrestadas en las redadas. La defensa legal fue, en última instancia, exitosa: menos del 10 % de los detenidos fue deportado. Sin embargo, la amenaza estatal seguía latente. En 1922, agentes federales allanaron la convención del Partido Comunista y arrestaron a la mayoría de sus dirigentes. La necesidad de una estructura legal dentro del movimiento era cada vez más evidente ante la represión. Dirigentes sindicales socialistas como Eugene Debs y Bill Haywood respaldaron el proyecto. Así nació finalmente, en 1925, la ILD.

Un baluarte de la defensa revolucionaria

La ILD comenzó con un enfoque claro: la defensa del movimiento obrero. Representó a un sinnúmero de trabajadores y trabajadoras en huelga que enfrentaban represalias legales por parte de sus empleadores: mineros de carbón antracita en Ohio, Pensilvania, Virginia Occidental e Illinois, obreras textiles en Massachusetts y Carolina del Norte, y muchas otras personas encarceladas por luchar contra la represión patronal. Su periódico, Labor Defender, se distribuía a decenas de miles de personas en todo el país.

A partir de la década de 1930, la ILD amplió su enfoque. La Internacional Comunista (Comintern) había adoptado recientemente la tesis del “Cinturón Negro”, que planteaba que la población afrodescendiente en Estados Unidos constituía una nación oprimida. El Partido Comunista entero reorientó su trabajo hacia la organización antirracista y la unidad multinacional, y la ILD hizo lo propio. Empezó a dar mayor énfasis a la desigualdad legal que sufría la población negra bajo un sistema racista, y asumió cada vez más casos de derechos civiles. Asimismo, la ILD comenzó a reclutar a más abogados y abogadas negras, como William Patterson y Benjamin Davis. Davis se radicalizó precisamente a partir del caso de Angelo Herndon, un organizador obrero negro encarcelado por intentar unir a trabajadores blancos y negros. El caso se volvió un punto de referencia en la lucha nacional contra la represión racista, y figuras como Davis jugaron un papel crucial en el proceso de desegregar la profesión legal desde adentro.

El caso de Scottsboro

De todos los casos que lideró la ILD, el que tuvo mayor resonancia fue el de los Jóvenes de Scottsboro. En 1931, nueve adolescentes negros fueron falsamente acusados de violar a dos mujeres blancas en un tren en Alabama. La ILD se movilizó de inmediato con una campaña nacional que no solo proporcionó defensa legal, sino que también construyó un movimiento de masas con manifestaciones, peticiones y presión internacional.

El caso de Scottsboro marcó un antes y un después en la historia legal de Estados Unidos. Fue una de las primeras veces que una campaña legal masiva logró exponer públicamente el racismo estructural del sistema penal y hacer eco más allá del Sur. La estrategia jurídica de la ILD forzó múltiples nuevos juicios y apelaciones, hasta llegar a la Corte Suprema, que emitió decisiones históricas sobre el derecho a una defensa legal adecuada y a tener jurados racialmente inclusivos.

Lo más importante es que la campaña de la ILD demostró que la defensa legal no tiene por qué limitarse al estrado. Una estrategia que combine representación legal, agitación política y presión pública puede lograr avances impensables. El modelo de la ILD mostró que cuando las comunidades trabajadoras y oprimidas se organizan para defenderse mutuamente, pueden desafiar con fuerza el supuesto “brazo neutral” de la ley. Estas ideas sentaron las bases de lo que hoy conocemos como defensa jurídica en el marco de los derechos civiles, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Un legado vigente

Con la reciente liberación de Mahmoud Khalil del centro de detención del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (United States Immigration and Customs Enforcement, ICE), se vuelve más evidente la vigencia del legado de la ILD y la necesidad de estudiar sus tácticas. El caso de Khalil guarda una inquietante similitud con las redadas de Palmer que dieron origen a la ILD: una redada federal detiene a un activista inmigrante por sus ideas políticas y trata de deportarlo, pero una movilización de masas lo impide.

El caso de Khalil —junto con los de Rumeysa Ozturk, Mohsen Mahdawi, Momodou Taal y muchas otras personas activistas estudiantiles pro-Palestina— demuestra que estamos viviendo un nuevo Pánico Rojo, y que se están reactivando las mismas leyes que hace un siglo se usaron para reprimir a militantes inmigrantes. En una época de creciente represión, donde incluso el derecho fundamental a la libre expresión está bajo ataque, la defensa legal con conciencia política es más urgente que nunca.

En el aniversario de la fundación de la ILD, no basta con recordar su legado. Hay que continuar su lucha.

Foto principal: Acusados de Scottsboro con el abogado de la ILD Samuel Leibowitz, 1932. Crédito: Encyclopedia of Alabama.

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