El gobernador Greg Abbott y los republicanos de Texas, con el pleno respaldo de Trump, están encabezando un esfuerzo de redistribución de distritos para asegurarle al Partido Republicano (GOP) cinco escaños más en el estado y mantener su estrecha mayoría en la Cámara de Representantes de Estados Unidos en las elecciones de medio término de 2026. Más de 50 demócratas texanos han abandonado el estado en un intento de retrasar la votación sobre la redistribución de distritos —lo que ha llevado a políticos de derecha a llegar al extremo de pedir al Buró Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigation, FBI) que los arresten.
¿Qué hay realmente detrás de estos planes de redistribución?
Trasfondo
El gobierno de Trump y el gobernador Abbott han alegado que los distritos 9, 18, 29 y 33 son “distritos inconstitucionales por manipulación racial” porque están compuestos mayoritariamente por población negra y latina. Pero residentes negros y latinos han constituido la mayoría del estado durante años, y el gobierno de Texas tiene una larga historia de supresión de estos votantes. Esta propuesta de redistribución es solo otro paso en esta campaña cínica para consolidar el poder en manos de políticos de ultraderecha que quieren destrozar los derechos de la clase trabajadora texana.
La Ley de Derecho al Voto de 1965 (Voting Rights Act) —uno de los logros más importantes del Movimiento por los Derechos Civiles— solía bloquear a Texas y a otros estados con historia de leyes Jim Crow de llevar a cabo este tipo de redistribución racista. Pero una decisión de la Corte Suprema en 2013 desmanteló la ley y despejó el camino para que políticos como Abbott intenten negar a residentes negros y latinos una representación justa.
En respuesta, decenas de demócratas en la legislatura estatal salieron de Texas para “romper el quórum”: si suficientes miembros están ausentes al momento de la votación, esta no puede realizarse. Ante esto, Abbott ha pedido a la Corte Suprema de Texas que los destituya de sus cargos. No está claro si tal orden siquiera sería posible, pero esta maniobra es más evidencia del total desprecio de los funcionarios del gobierno texano hacia la democracia.
Ganar una democracia genuina en Texas requerirá un movimiento popular
A lo largo de la historia de Texas, un movimiento popular de masas se levantó contra la discriminación en las urnas, puso fin a las primarias de blancos solamente y ayudó a derrocar todo el sistema dictatorial de Jim Crow. Ese mismo tipo de movilización masiva es lo que se necesita hoy para derrotar el intento de Trump de acaparar el poder. Los funcionarios que abandonaron el estado han retrasado la redistribución, pero sin la presión de grandes números de texanos y texanas comunes, esto solo puede durar un tiempo limitado. En 2021, los demócratas de Texas también rompieron el quórum, pero resultó inútil después de que suficientes miembros regresaron al estado para que la sesión legislativa pudiera proceder.
El derecho al voto en elecciones justas está bajo ataque —y también lo están incontables derechos básicos que Trump y la ultraderecha han puesto en la mira. Millones de texanos podrían quedarse sin Medicaid, las y los inmigrantes son sometidos a una brutal campaña de deportaciones masivas, las personas trans en Texas están siendo perseguidas, y la devastación de decenas de miles de familias en el centro del estado sigue sin atenderse más de un mes después de las inundaciones. La lucha por la democracia y la lucha por la igualdad económica y social deben estar conectadas si alguna de las dos ha de tener éxito.
Foto principal: El gobernador de Texas, Greg Abbott, se reúne con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca en 2020. Crédito: Flickr/whitehouse45 (dominio público)



