El 2 de junio, la ciudad de Corpus Christi, Texas, celebró una reunión de 15 horas para volver a discutir su crisis hídrica y debatir, una vez más, la misma falsa “solución” que ya había sido rechazada el año pasado. La ciudad continúa estancada, sin ninguna solución para la crisis inminente.
Se prevé que Corpus Christi, una ciudad de más de 300,000 habitantes, supere la capacidad de sus actuales fuentes de agua tan pronto como el próximo verano, lo que constituiría el primer caso de este tipo en Estados Unidos. Los medios de comunicación presentan esta crisis devastadora únicamente como consecuencia de la sequía y la mala gestión. Aunque estas son dos de sus principales causas, no cuentan toda la historia: una historia de avaricia corporativa, desregulación industrial, cambio climático impulsado por los combustibles fósiles y una burocracia contraria a la clase trabajadora, situada en la confluencia de varias crisis de un sistema capitalista sumido en el caos.
Los combustibles fósiles son doblemente responsables de la escasez de agua en Corpus Christi
A medida que la crisis climática se agrava, los dirigentes capitalistas no han ofrecido ninguna solución capaz de abordar el problema a la escala necesaria de manera realista y científica. Pese al aumento constante de los fenómenos meteorológicos extremos, las sequías, las inundaciones y los incendios – algo evidente para cualquiera que los padezca y, sobre todo, para los expertos –, se ha hecho poco o nada significativo para frenar a las empresas de combustibles fósiles que impulsan la crisis y al sistema que las respalda. En lugar de regular o sancionar a quienes contaminan, se les entregan las palancas del poder y se les permite autorregularse en todo el país. Corpus Christi es el resultado lógico de este modelo de gobierno.
Las empresas de combustibles fósiles no solo son responsables del cambio climático que provoca la sequía: también constituyen la principal industria que despilfarra el suministro de agua de Corpus Christi. De hecho, solo seis corporaciones – Valero, ExxonMobil, Flint Hills Resources, LYB, Citgo y Oxy – utilizaron más de tres veces el agua consumida por el conjunto de residentes de Corpus Christi entre 2022 y 2024. Durante ese periodo, estas empresas utilizaron casi 57 millones de galones de agua dulce, frente a los 17 millones de galones consumidos por los residentes de la ciudad.
Estas industrias suelen afirmar que su destrucción ambiental es necesaria para “la economía”, pero los empleos de la industria pesada representan menos del 3% del total de puestos de trabajo en la zona de Corpus Christi.
El Concejo Municipal de Corpus Christi castiga a los residentes mientras exime a las corporaciones
El Concejo Municipal de Corpus Christi ha recibido gran parte de las críticas por su inacción. Sin embargo, las decisiones políticas que adoptó no son excepcionales. Se basan en muchos de los mismos principios fundamentales que orientan a todos los concejos municipales administrados por capitalistas en el país: vía libre para que las corporaciones adineradas utilicen toda el agua que deseen; exenciones especiales para los mayores consumidores, incluso mientras la población común se ve obligada a pagar multas; falta de fondos o de voluntad política para modernizar la infraestructura pública de agua; y “soluciones de parche” basadas en proyectos de construcción privados que no responden a la magnitud del problema.
Corpus Christi se encuentra bajo restricciones permanentes por sequía desde mediados de 2022 y podría estar al borde de reclasificar la situación como una “Emergencia hídrica”. Sin embargo, las fallas administrativas comenzaron mucho antes.
A mediados de la década de 2010, Corpus Christi también enfrentaba condiciones de sequía. En 2018, los grandes consumidores de agua – como las grandes corporaciones y los terratenientes adinerados – negociaron con la ciudad un programa de pago para quedar exentos de los recargos por sequía. Este programa permite exclusivamente a los grandes consumidores – entidades que utilizan más de 100,000 galones diarios – pagar voluntariamente un recargo adicional a su factura habitual. El dinero se destina a un fondo reservado exclusivamente para proyectos hídricos nuevos, y no para reparar la infraestructura existente de la que dependen los residentes. A cambio, estas entidades quedan exentas de determinados recargos por sequía, lo que puede ahorrarles millones de dólares.
Jake Hernandez, organizador ecosocialista de la sección de Corpus Christi de los Demócratas Socialistas de Estados Unidos (Democratic Socialists of America, Corpus DSA), explicó: “Por ejemplo, Gulf Coast Growth Ventures de Exxon paga $125,000 adicionales al mes, de acuerdo con su consumo de agua en 2024, y evita pagar $1.5 millones mensuales. Valero paga $81,000 adicionales mediante la tarifa de exención del recargo, pero evita pagar $975,000 al mes”. Este tipo de programa que permite a los ricos comprar su exención preparó el terreno para la crisis actual.
El 16 de diciembre de 2024, Corpus Christi pasó a la Fase 3 de restricciones de agua como parte del Plan de Contingencia para Sequías de la ciudad (Drought Contingency Plan). Este forma parte de un programa de cuatro fases, que comienza con restricciones “voluntarias” durante una sequía leve en la Fase 1 y culmina con una “Emergencia hídrica” en la Fase 4. Las restricciones de la Fase 3 incluyen la prohibición de regar el césped, límites al riego de los cimientos y de la mayoría de las plantas domésticas, la obligación de mantener cubiertas las piscinas y normas específicas para lavar automóviles en el hogar.
Aunque la mayor parte del agua de la ciudad es utilizada por la industria, el gobierno municipal ha impuesto a los residentes la mayor parte de la responsabilidad por el ahorro de agua y ha emitido más de 1,000 multas por incumplimiento de las restricciones durante un periodo de un año. Como resultado, los propietarios de viviendas de Corpus Christi han reducido su consumo de agua en alrededor de un 25% durante los últimos meses. Mientras tanto, la industria pesada ha hecho pocos o ningún esfuerzo de buena fe por reducir su consumo. De hecho, ExxonMobil ha aumentado el suyo todos los años desde 2022.
Administración tras administración, los funcionarios municipales no han planificado adecuadamente cómo enfrentar la emergencia hídrica inminente y garantizar de manera segura la necesidad más básica de los residentes. En cambio, se han apresurado – y continúan apresurándose – a conceder a la gran industria un acceso prácticamente irrestricto a los recursos de Corpus Christi.
Las “soluciones” capitalistas son un espejismo: necesitamos el socialismo
Del mismo modo que los capitalistas provocaron la crisis hídrica, también se han negado a afrontar la tarea de resolverla. Durante la reunión del Concejo Municipal del 2 de junio se debatió si se debía reactivar el proyecto de una planta desalinizadora en el Puerto Interior, presentada por las élites empresariales – especialmente por el sumamente impopular alcalde saliente de Corpus Christi – como una solución a las continuas crisis hídricas de la ciudad.
Los integrantes de la comunidad se han opuesto firmemente al proyecto desde que se propuso por primera vez en 2019. La planta estaría ubicada a solo unas cuadras de viviendas y parques de Hillcrest, un vecindario históricamente negro que durante décadas ha sufrido el avance del llamado “Corredor de las Refinerías” (Refinery Row), una franja de refinerías de casi 15 millas en las afueras de la ciudad. El agua de la bahía de Corpus Christi, que utilizaría la planta desalinizadora si llegara a construirse, está contaminada con una cantidad considerable de sustancias químicas persistentes conocidas como “químicos eternos” (PFAS), relacionadas con el cáncer y otros problemas de salud.
Los defensores de la planta la han presentado como una solución milagrosa para todos los problemas hídricos de Corpus Christi, aunque no comenzaría a suministrar agua hasta finales de 2029, como muy pronto. Además del daño que causaría a las comunidades negras y de clase trabajadora y de los posibles riesgos de desalinizar agua contaminada, la planta vertería salmuera nuevamente al mar, lo que, según los activistas, perjudicaría la vida marina de la zona.
Está claro que esta no es una solución para los problemas actuales ni para los futuros. Sin embargo, después de siete años, continúa apareciendo en los debates del Concejo. Mientras tanto, ni siquiera se consideran las soluciones reales y urgentes para la crisis hídrica, porque exigirían enfrentarse a los gigantes de los combustibles fósiles y limitar su poder descontrolado.
Dado que las ganancias se anteponen a todo lo demás, las decisiones que podrían poner fin a la crisis – y no simplemente mitigarla – han quedado fuera del alcance del pueblo. La “humanidad” en general no es responsable de destruir el planeta ni de emitir la mayor parte de los gases de efecto invernadero. Los responsables son los multimillonarios. Al igual que ocurre con todo lo demás en la sociedad capitalista, un pequeño grupo de élites adineradas toma las decisiones y concentra el consumo que agota la mayor parte de los recursos del planeta.
La clase capitalista toma las principales decisiones sobre la producción de energía, la industria, la producción agrícola, la deforestación y la transformación de tierras para la agricultura y el desarrollo inmobiliario, el transporte y los combustibles utilizados para calentar los hogares y edificios y cocinar en ellos. Bajo este sistema, la población común no tiene voz en estas decisiones.
Una catástrofe climática total no es inevitable. Existe una salida. Sabemos cuáles son las soluciones: frenar a la clase multimillonaria y poner los recursos de la sociedad en manos de la clase trabajadora. La pregunta es: ¿contamos con la voluntad política y la organización necesarias para lograrlo?
Foto destacada: Cortesía de Andrea Puyol, de Corpus Christi DSA.



