La IA tiene el potencial de ser una herramienta útil para el monitoreo ambiental – por ejemplo, al nutrirse de enormes conjuntos de datos para modelar resultados climáticos y ambientales – pero los daños ambientales derivados de los enormes centros de datos de hiperescala que Silicon Valley está imponiendo en todo el país superan con creces cualquier beneficio.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (United Nations Environment Programme, UNEP) publicó un informe en septiembre de 2024 en el que expone las preocupaciones ambientales relacionadas con el auge de la IA: “Tenemos que asegurarnos de que el efecto neto de la IA en el planeta sea positivo antes de desplegar esta tecnología a escala”, dijo Golestan (Sally) Radwan, directora digital del UNEP.
El ‘Big Tech’ ignoró esas advertencias, lo que ha llevado a una explosión de nuevos centros de datos en Estados Unidos y en todo el mundo. Los impactos ambientales más conocidos son el inmenso drenaje de recursos de agua dulce y el consumo de energía. Los centros de datos de hiperescala pueden consumir hasta cinco millones de galones de agua dulce al día, equivalente al uso de agua de un pueblo de 10,000 a 50,000 personas. A pesar de este enorme drenaje, el 40% de los centros de datos existentes y propuestos en Estados Unidos se encuentran en zonas que ya enfrentan escasez de agua dulce.
Estados Unidos alberga la mayor concentración de centros de datos del mundo. A medida que se expanden estos centros devoradores de energía, la ya lenta transición hacia las energías renovables se está frenando en seco, al prolongarse la vida útil de plantas eléctricas de combustibles fósiles y de reactores nucleares envejecidos. Este aumento de la demanda energética está exigiendo mejoras en la infraestructura eléctrica, redireccionamiento de líneas de transmisión y mayores emisiones de carbono, dado que la mayor parte de la red eléctrica estadounidense todavía depende de combustibles fósiles.
Según el Fondo Monetario Internacional (International Monetary Fund, IMF), el consumo actual de energía de los centros de datos a nivel mundial equivale al del país de Francia, con una población de alrededor de 69 millones de personas. Las proyecciones muestran que para 2030 esa tasa de consumo aumentará hasta equivaler al uso de energía de 1.4 mil millones de personas. Para satisfacer esa demanda, las grandes tecnológicas están impulsando triplicar la energía nuclear para 2050, lo que sería ambientalmente catastrófico por los impactos que van desde la extracción hasta la construcción de plantas y la disposición de residuos, además del riesgo de exposición a radiación para las personas que viven “a sotavento” y para comunidades indígenas.
¿Y quién está pagando la cuenta del aumento de las necesidades energéticas derivadas de los centros de datos de las grandes tecnológicas? La están pagando usuarios y usuarias promedio, que han visto aumentos de 5% a 10% en sus facturas de energía durante el último año, muy por encima de la inflación general.
El drenaje de recursos y el aumento de emisiones de carbono no empiezan cuando estos centros de datos entran en operación, sino mucho antes, en la extracción de recursos y la producción de componentes. Una computadora de 2 kg requiere 800 kg de materias primas, además de los elementos de tierras raras usados en los microchips, que generan impactos ambientales importantes en el proceso de extracción. Los centros de datos también producen desechos electrónicos que contienen metales pesados y químicos tóxicos que contaminan el ambiente. Esta rápida expansión de centros de datos solo incrementará el creciente “tsunami de desechos electrónicos” que fluye desde Estados Unidos hacia países del Sur Global, con contenedores que a menudo se etiquetan deliberadamente de forma incorrecta y se transportan ilegalmente, sin el acuerdo de los países que reciben estos residuos tóxicos.
Con frecuencia, los centros de datos se ubican en áreas con baja población humana sin preocuparse por los impactos en otras especies. La biodiversidad es un estabilizador clave del clima, y ya está en fuerte declive a medida que aumentan el desarrollo y el cambio de uso de suelo. La contaminación lumínica y sonora de los centros de datos afecta negativamente la salud general de la fauna silvestre, alterando patrones migratorios, ciclos reproductivos y dinámicas de presa y depredador.
Los grandes centros de datos abarcan millones de pies cuadrados distribuidos en múltiples edificios e incluyen la instalación de líneas de transmisión eléctrica, generadores de respaldo diésel altamente contaminantes y, en ocasiones, producción de energía en el propio sitio. La enorme huella de estos centros de datos provoca una mayor pérdida de biodiversidad por la fragmentación de hábitats y la contaminación del aire en comunidades cercanas.
A medida que las grandes tecnológicas compran terrenos en zonas rurales para centros de datos, el costo de comprar o arrendar tierra en esas áreas está subiendo. El aumento de los costos de arrendamiento está perjudicando a pequeños agricultores que ya enfrentan dificultades financieras, mientras además tienen que competir por recursos de agua dulce para irrigar sus cultivos.
¿Es la IA el problema o es el capitalismo?
En comparación con otros modelos de IA, la tecnología DeepSeek de China requiere menos recursos de cómputo, lo que se estima reduciría el consumo de energía en 90%, además de disminuir en gran medida la necesidad de mecanismos de enfriamiento y de agua dulce, reduciendo su huella de carbono total en 95%.
Además, las principales industrias de China, como los proveedores de servicios públicos, son de propiedad estatal, lo que elimina el incentivo de lucro en estas industrias clave. En China, las facturas de electricidad cuestan un tercio de lo que pagamos en Estados Unidos, lo que le ha permitido al país superar ampliamente al resto del mundo en la transición hacia fuentes de energía renovable.
El auge de la IA bajo el capitalismo inevitablemente provocará pérdida de empleos en muchos sectores. Bajo el capitalismo, los dueños de empresas buscan constantemente maneras de recortar costos a expensas del sustento de las y los trabajadores y del medio ambiente. Hemos visto despidos masivos en el pasado cuando se introdujo la automatización en la producción. Y podemos esperar lo mismo en un futuro cercano, a medida que la IA reemplace a conductores de taxis y camiones, personal médico, escritores, diseñadores, personal administrativo y de atención al cliente, y a las y los trabajadores tecnológicos que ayudaron a entrenar los modelos de IA.
Pero el auge de la IA no tiene por qué traer miseria para la clase trabajadora y destrucción ambiental. China está usando la IA para reducir la duración de la jornada laboral sin imponer despidos ni recortes salariales. Esto es lo que puede ocurrir bajo un sistema socialista donde la prioridad es el bienestar de la población, y no la maximización de ganancias para los dueños de la industria como sucede bajo el capitalismo. La introducción de la IA podría significar que todas y todos trabajemos menos y tengamos más tiempo para estar con familia y amistades, para el descanso, y para actividades educativas o creativas. Y podría implementarse de manera responsable, con la eficiencia energética y la sostenibilidad ambiental como requisito previo.
Una lucha de David contra Goliat
Mientras el Big Tech, con el respaldo de la administración Trump, aceleran planes de centros de datos en todo el país, las comunidades se están organizando y resistiendo.
Según Data Center Watch, entre abril y junio de 2025, 20 propuestas de centros de datos en 11 estados – valoradas en $98 mil millones – fueron bloqueadas o retrasadas por la oposición comunitaria, lo que representó dos tercios del total de proyectos que el grupo estaba monitoreando. Zonas rurales y suburbanas, que antes habían visto poca organización, hoy cuentan con residentes conectándose por redes sociales y sumándose a jornadas de tocar puertas, distribuir letreros en los jardines y abarrotar reuniones municipales para denunciar estos centros de datos.
El Big Tech está preocupado, pese a la reciente orden ejecutiva de Trump, que busca imponerse sobre cualquier regulación o restricción estatal a la construcción de centros de datos. Las principales empresas tecnológicas – Microsoft, Google, Meta y Amazon – están gastando colectivamente cientos de miles de millones de dólares en centros de datos a nivel mundial e invirtiendo fuertemente en cabildeo ante gobiernos locales, con falsas promesas de creación de empleo y minimizando las preocupaciones de residentes, pero están fracasando. Ante una oposición comunitaria abrumadora, funcionarios electos locales ven claramente que perderán sus cargos en la próxima elección si apoyan los centros de datos, y se ven obligados a rechazar propuestas de rezonificación.
De Arizona a Wisconsin, y de Virginia a Oklahoma, comunidades en todo el país están escuchando y aprendiendo de las luchas de otras contra los planes de las grandes tecnológicas – y están ganando. Este es un ejemplo claro del poder colectivo que tenemos cuando nos organizamos. Incluso las corporaciones aparentemente más poderosas del planeta pueden ser derrotadas cuando nos mantenemos unidos.
Imagen destacada: OpenAI en un teléfono. Crédito: Flickr (CC BY-NC 2.0)



