Los directores ejecutivos y las corporaciones tecnológicas han estado arrasando en Estados Unidos, tratando de imponer centros de datos en cada parcela de tierra y cada comunidad de la que puedan apropiarse. Su objetivo es ganar la carrera capitalista por dominar la inteligencia artificial y la infraestructura de los centros de datos —que alimenta la inteligencia artificial generativa— y luego usar la inteligencia artificial para aumentar sus ganancias eliminando millones de empleos.
El futuro que la clase capitalista tiene preparado suena como el zumbido ensordecedor de las turbinas funcionando en Memphis, Tennessee. Se ve como la luz cegadora de la construcción constante en la zona rural de Port Washington, Wisconsin. Se siente como el pozo de una vivienda familiar secándose en Newton, Georgia. Huele a emisiones de gas natural por millas en la zona rural de Missouri.
En manos privadas de unos cuantos multimillonarios, los centros de datos y la inteligencia artificial prometen pérdida de empleos, consumo masivo de agua, aumentos vertiginosos en los precios de la electricidad y mayores emisiones de CO2. En resumen: ganancias para los oligarcas tecnológicos y destrucción ambiental para les trabajadores de Estados Unidos. Pero está surgiendo una rebelión nada silenciosa en todo el país.
Personas de todo Estados Unidos se están reuniendo en sesiones de concejos municipales, firmando peticiones para crear nuevas leyes que impidan que los centros de datos lleguen a sus ciudades y pueblos y organizándose por miles para detener a las grandes empresas tecnológicas y dar forma a la próxima década de la revolución tecnológica en beneficio de les trabajadores. Esto ha llevado, como informó recientemente Bloomberg, a que casi la mitad de todos los centros de datos planificados para 2026 hayan sido retrasados o directamente cancelados.
Pérdida de empleos y aumento de ganancias
Cuando desarrolladores de centros de datos de hiperescala como Vantage, QTS —propiedad de Blackstone, una compañía de gestión de inversiones multimillonaria— y CoreWeave se preparan para entrar en comunidades, prometen —a menudo sin ninguna evidencia— miles de empleos y beneficios de impuestos sobre la propiedad para les residentes.
Los centros de datos no crean empleos, los destruyen. Con les capitalistas controlando la inteligencia artificial, los empleos temporales para oficios de la construcción significan pérdidas permanentes de empleos en el futuro para todos los sectores. Una vez terminados, los centros de datos operan con personal mínimo, lo que significa que estos proyectos prácticamente no crean empleos permanentes. Sean cuales sean los beneficios a corto plazo que puedan ver pequeños grupos de trabajadores, la tecnología en manos de capitalistas significa que la pérdida de empleos es inevitable.
Esta dinámica tiene un carácter cíclico: las empresas tecnológicas han volcado inversiones masivas hacia los centros de datos y la inteligencia artificial en general, al mismo tiempo que eliminan decenas de miles de empleos. Esto, a su vez, libera capital para invertir en más centros de datos. En marzo, los despidos en empresas tecnológicas superaron los 45,000 puestos de trabajo. Estas empresas quieren presentar estos despidos como prueba de su visión del potencial “revolucionario” de la inteligencia artificial, pero en realidad la lógica central del capitalismo permanece intacta.
Las empresas tecnológicas están enfrentando el sustento de les trabajadores manuales contra el futuro de les trabajadores de oficina. Todas las personas trabajadoras en esta situación enfrentan la misma crisis: no tenemos voz ni voto sobre cómo o qué construimos porque no somos dueñes de la tecnología. Si el pueblo controlara democráticamente el futuro de la inteligencia artificial, en lugar de permitir que las grandes empresas tecnológicas tracen el camino a seguir, podríamos usar la inteligencia artificial para aligerar la carga de trabajo de todes les trabajadores y usar el aumento de la producción y la eficiencia para proporcionar fácilmente a todas las personas un nivel de vida digno.
Por ejemplo, sin la carga de muchas tareas rutinarias que podrían automatizarse con inteligencia artificial, podríamos concentrarnos en construir nuevas escuelas, carreteras y hospitales, todo respaldado por sindicatos fuertes. El problema no es la inteligencia artificial como tecnología, sino las metas y fines de quienes la controlan. Una visión socialista de la inteligencia artificial significa control comunitario de la inteligencia artificial y de todas las tecnologías emergentes. Significa menos trabajo y un mejor nivel de vida. Significa una voz genuina y democrática sobre dónde y con qué fines se construyen los centros de datos.
De la desindustrialización a los centros de datos
Bajo el capitalismo, lo único que la clase trabajadora puede esperar recibir del auge de los centros de datos es más explotación laboral. Los centros de datos prometen a comunidades urbanas y rurales por igual un uso excesivo de agua y contaminación, contaminación del aire y la degradación de millas de entornos habitables.
Los centros de datos de hiperescala devoran recursos, especialmente electricidad. Solo en Wisconsin, se espera que dos centros de datos de hiperescala usen más energía que todos los hogares del estado combinados. En Estados Unidos, un mayor uso de electricidad significa más emisiones de CO2. Alrededor del 60% de la red eléctrica estadounidense funciona con infraestructura de combustibles fósiles: gas, carbón y petróleo. El ritmo acelerado para construir y alimentar nuevos centros de datos de hiperescala para inteligencia artificial significa empujar un clima ya inestable hacia la catástrofe.
En Estados Unidos, la catástrofe ambiental se impone primero a las personas negras y racializadas. El racismo ambiental es la norma, desde la crisis del agua con plomo en Flint, Michigan, hasta el “corredor del cáncer” de Luisiana. Las personas más oprimidas viven en zonas de sacrificio por la contaminación del aire y del agua. Los desarrolladores de centros de datos suelen enfocarse en comunidades de bajos ingresos y comunidades negras para construir sus centros de datos, así como las plantas de energía de combustibles fósiles necesarias para satisfacer sus enormes demandas de electricidad.
Los desarrolladores consideran que la infraestructura municipal de agua y las fábricas antes activas pero ahora cerradas que permanecen en estas comunidades trabajadoras son sitios ideales para centros de datos. Las fábricas, los almacenes y la infraestructura municipal que alimentaba la industria y los hogares ahora están preparados para ser sobreexplotados por los centros de datos, y les residentes, principalmente negres, de estas comunidades sufren los costos de salud de beber agua contaminada y respirar aire tóxico.
Esta es la experiencia del sur de Memphis, Tennessee, históricamente negro, donde xAI de Elon Musk construyó sus centros de datos de hiperescala “Colossus I y II”. En estas instalaciones, 27 turbinas de gas natural sin permiso funcionan constantemente, creando esmog y emitiendo vapores tóxicos y sustancias químicas peligrosas como formaldehído al aire. Se sabe que la exposición prolongada a estos contaminantes causa asma, formas raras de cáncer, enfermedades cardíacas y otros problemas de salud.
Las críticas y la lucha contra Colossus no han convencido a Musk de poner fin al proyecto ni han persuadido a les políticos demócratas locales de desconectar el proyecto de centro de datos de las grandes tecnológicas en beneficio de Memphis.
En el condado de Prince George, Maryland, de mayoría negra, las comunidades enfrentan una lucha similar a la de Memphis. El año pasado, Taylor Frazier McCollum inició una petición contra un centro de datos propuesto en el sitio de un centro comercial abandonado en Landover, que ha reunido casi 24,000 firmas y ha impulsado una lucha estatal contra los centros de datos en Maryland. El desarrollo es promovido por Lerner Enterprises, una empresa regional de desarrollo inmobiliario, para un cliente que permanece anónimo.
“El pueblo de Landover está luchando contra un centro de datos de hiperescala propuesto con un usuario final desconocido”, dijo Frazier McCollum en una entrevista con Liberation News. “No importa quién planee usarlo, lucharemos contra la contaminación y la alteración de nuestra comunidad hasta el final. Tenemos una moratoria temporal, pero estamos presionando por una prohibición permanente”.
Los condados que rodean Washington D.C. en Maryland y Virginia tienen una de las mayores concentraciones de centros de datos existentes en el país, lo que amenaza la ya sobrecargada cuenca de la bahía de Chesapeake. Mientras les políticos locales buscan maneras de apaciguar la opinión pública sin dejar de complacer a las grandes tecnológicas, Frazier McCollum dice que la comunidad está unida: “Los centros de datos de inteligencia artificial solo existen para extraer y vigilar a nuestras comunidades, y aquí se acaba”.
Pero la lucha por la liberación y por abrir camino a un futuro limpio e innovador para las personas trabajadoras de todo Estados Unidos no está ocurriendo solo en las ciudades.
Tierras rurales en la mira del desarrollo de centros de datos
El otro objetivo principal del desarrollo de centros de datos, cuando los desarrolladores no pueden encontrar ciudades con infraestructura desindustrializada preexistente, es recurrir a la siguiente mejor opción: pavimentar tierras agrícolas. Si no pueden heredar infraestructura ya hecha, la siguiente mejor opción es comprar terrenos rurales baratos y ararlos. Las tierras agrícolas cercanas al agua son especialmente deseables, ya que los centros de datos requieren una fuente confiable de agua para enfriamiento.
En Port Washington, Wisconsin, una pequeña ciudad de 12,000 habitantes en la costa del lago Michigan, OpenAI y Oracle planean ocupar conjuntamente una instalación que forma parte del Proyecto Stargate, respaldado por la administración Trump, y que se proyecta como uno de los centros de datos más grandes del mundo, con 1,200 acres de tierra. Desde el principio, el proyecto se presentó como un “hecho consumado” a pesar de que les residentes apenas sabían algo sobre él. Lo que antes era un pueblo tranquilo de residentes mayoritariamente blanques pronto quedó dominado por construcción las 24 horas del día, los 7 días de la semana y conversaciones sobre $458 millones en incentivos fiscales que irían directamente al desarrollador del centro de datos.
Lo que era un destino turístico agradable y pintoresco en la costa sureste del lago Michigan ahora está siendo convertido en un corredor de centros de datos, con la aprobación unánime de todas las autoridades del pueblo. Aprobación unánime para verter agua tratada con solución de glicol que terminará en el lago Michigan, fuente de agua potable de Wisconsin.
Southaven, Mississippi, está experimentando una degradación climática similar a manos de xAI. Cuarenta turbinas en la zona rural de Mississippi están diseñadas para alimentar el centro de datos de Memphis al otro lado de la frontera y otra instalación en Mississippi. Este desarrollo es más grande y más contaminante que la instalación de xAI en Memphis, y la NAACP, junto con varias organizaciones legales ambientales, ya ha amenazado con demandar a Elon Musk por violaciones de la Ley de Aire Limpio.
En una audiencia reciente, les residentes expresaron consternación por el futuro de sus familias y del medio ambiente. La zona de sacrificio de destrucción ambiental se está expandiendo, justo cuando el cambio climático se profundiza y empeora en todo Estados Unidos. A medida que esto se profundiza, deberíamos estar invirtiendo en soluciones a la crisis climática para crear un futuro más seguro y luminoso para nuestres hijes.
La energía limpia, solar y eólica está lista hoy, y en lugar de construir centros de datos cerca de nuestras mejores fuentes de agua dulce o en zonas de bajos ingresos, podrían construirse en áreas donde tendrían impactos ambientales mucho menores en la salud pública.
Las demandas básicas de la lucha de trabajadores y residentes contra los centros de datos pueden cumplirse. Estas demandas son simples y, sin embargo, revolucionarias.
En un Estados Unidos dominado por las empresas de combustibles fósiles, los monopolios de servicios públicos y las grandes tecnológicas, el pueblo está mirando más allá del statu quo e imaginando un futuro mejor, más luminoso y más limpio. Ninguno de los dos partidos tiene interés en defender el medio ambiente ni a les trabajadores. Les políticos en el poder no pueden ni quieren defendernos ni defender el medio ambiente.
Trabajan para las corporaciones y para el sistema capitalista que está quemando nuestro planeta. Solo nuestro poder colectivo puede combatir el poder del sistema.
¡Responder significa luchar por el socialismo!
Cada lucha contra los centros de datos es única, pero una cosa es segura: cuando la clase trabajadora multinacional de Estados Unidos se levanta, no puede ser derrotada. Tenemos una inmensa capacidad para innovar políticamente y no podemos ser silenciades. Desde Port Washington hasta Landover y localidades de todo el país, el resentimiento está llegando a un punto de ebullición no solo contra los centros de datos, sino también contra los monopolios locales de servicios públicos cómplices.
En todo el país está tomando forma una nueva demanda: control popular de la inteligencia artificial.
Les residentes de Port Washington han buscado exigir un referéndum público para los incentivos fiscales destinados a grandes desarrollos como los centros de datos. A través de una petición de legislación directa que reunió 1,000 firmas en una semana y luego fue ratificada por les votantes por un margen de casi 2 a 1 a principios de este mes, han ejercido un nivel sin precedentes de control comunitario sobre estos megaproyectos.
A medida que la opinión pública se vuelve decididamente contra el desarrollo irrestricto de centros de datos de hiperescala, y en respuesta al creciente movimiento de masas a nivel nacional, hay cierta discusión sobre la introducción de legislación para detener temporalmente el desarrollo de centros de datos. Luchar por protecciones temporales de este tipo es importante, pero la historia demuestra que, una vez que una tecnología se desarrolla bajo el capitalismo, no hay vuelta atrás, y ni los demócratas ni los republicanos presentan una oposición real a la agenda de las empresas tecnológicas.
Nuestras comunidades no pueden darse el lujo de esperar a las elecciones de medio término ni caer en falsas promesas de políticos corporativos, como las del líder demócrata de la minoría Hakeem Jeffries, quien dijo recientemente que, si los demócratas recuperan la mayoría en noviembre, controlar los centros de datos de inteligencia artificial será una “prioridad”. Las luchas y victorias de base en todo el país muestran que la verdadera manera de proteger a nuestras comunidades es con poder popular, no con palabras vacías de les mismes políticos que crearon esta crisis en primer lugar.
Cuando se trata de centros de datos, el poder político debe estar en manos del pueblo, no de los multimillonarios tecnológicos y políticos corporativos que sacrificarán a les trabajadores y al medio ambiente, y distorsionarán el futuro para llenarse los bolsillos. Un sistema socialista pondría a les trabajadores en control de las tecnologías de producción, como la inteligencia artificial, y nos permitiría planificar la economía en beneficio del pueblo y del planeta.
Imagen destacada: Conferencia de prensa contra los centros de datos en Landover, Maryland.


