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Un gigantesco centro de computación cuántica para la guerra amenaza el costo de vida en el South Side de Chicago

El Departamento de Defensa de Estados Unidos (United States Department of Defense, DoD) y la start-up tecnológica PsiQuantum encabezan el desarrollo de un centro de computación cuántica multimillonario en el South Side de Chicago. Llamado Illinois Quantum and Microelectronics Park (IQMP), el Concejo Municipal de Chicago aprobó a toda prisa su construcción en el antiguo complejo de U.S. Steel en la 87 y Lake Shore Drive. Costará unos 9.000 millones de dólares, con 20.000 millones adicionales en inversiones privadas proyectadas. El IQMP colindaría con el vecindario de South Shore, donde la tasa de desempleo cuadruplica el promedio de la ciudad, el 42 % de las y los inquilinos ganan menos de 20.000 dólares al año y el aumento de los alquileres ha provocado más desalojos que en cualquier otro vecindario de Chicago desde 2011.

Apodada la “capital del desalojo” de la ciudad, la gente trabajadora vive una crisis de vivienda posibilitada por caseros especuladores y la clase dominante. En Illinois, la capacidad de resolverla con reformas locales ha sido desmantelada y concentrada en manos del gobernador. La Ley de Prohibición del Control de Alquileres (Rent Control Preemption Act) fue aprobada por la legislatura estatal en 1997 y prohíbe a cualquier gobierno municipal aprobar políticas para frenar el alza acelerada de la renta.

En lugar de intervenir para ayudar a la gente trabajadora de South Shore a llegar a fin de mes, el gobernador JB Pritzker decidió entregar 500 millones de dólares en exenciones fiscales para atraer empresas a un campus tecnológico que ya prometió “proporcionar capacidades novedosas de chips cuánticos a la Fuerza Aérea de Estados Unidos (United States Air Force, USAF)”. Pritzker anunció que su objetivo es convertir a Illinois en “el Silicon Valley de la computación cuántica”. El problema es que las empresas tecnológicas de Silicon Valley agravaron la crisis de vivienda en San Francisco, desplazando a decenas de miles de personas de clase trabajadora y elevando el costo de vida a niveles astronómicos — el segundo más alto de Estados Unidos.

Entre los socios del centro figuran la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (Defense Advanced Research Projects Agency, DARPA), el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea (Air Force Research Laboratory, AFRL) y el Chicago Quantum Exchange, un “centro intelectual” con vínculos públicos con el Instituto Tecnológico de Israel, en Haifa (Israel Institute of Technology, Technion), y el Instituto Weizmann de Ciencias (Weizmann Institute of Science), también con sede en Israel. El financiamiento proviene de BlackRock, Boeing, Allstate, Discover y JP Morgan. ¿Por qué las mayores fuerzas imperialistas del mundo — responsables también del genocidio en Gaza — se unen con el sector financiero y con JB Pritzker para invertir en computación cuántica en Chicago? Para responder, hay que entender qué es la computación cuántica y qué recursos exige.

Computación cuántica 101

En las computadoras clásicas, la información se almacena en una serie de interruptores. En un momento, un interruptor puede estar en 1 y, en otro, en 0 — dos posibilidades distintas, un valor a la vez. En las computadoras cuánticas, los interruptores — llamados qubits — pueden estar en múltiples valores de forma simultánea: 1 y 0 a la vez. Esto es posible porque las computadoras cuánticas tienen entornos internos extremadamente aislados, lo que permite que sus componentes aprovechen las leyes extrañas del movimiento observadas en los bloques de construcción más pequeños del universo.

Lograr ese nivel de aislamiento no es tarea fácil. Requiere electroimanes refrigerados, de enorme costo y altísimo consumo energético. Ocurre de manera natural, por ejemplo, entre los electrones de un átomo. Recrear ese fenómeno a escala tecnológica exige una enorme cantidad de espacio y recursos naturales. Por eso el IQMP está previsto para ocupar 300.000 pies cuadrados (unos 27.900 m²) y dependerá en gran medida del lago Míchigan y del río Calumet como fuentes de agua para enfriamiento extremo. El sitio web del estado de Illinois también menciona “grandes necesidades de energía” para el centro, lo que implica una fuerte carga sobre la red eléctrica de la ciudad.

Al momento de escribir estas líneas, no se ha descubierto una sola aplicación práctica de la computación cuántica. PsiQuantum compite por construir “la primera computadora cuántica útil del mundo”, desplazando a miles de personas porque la ultraderecha tecnológica huele una pizca de posibles ganancias. La apuesta es que la computación cuántica pueda infiltrarse en redes de comunicación en todo el mundo y volver obsoleta la ciberseguridad convencional. Por ejemplo, la técnica de fuerza bruta para descifrar contraseñas — probar todas las combinaciones de caracteres hasta acertar — podría pasar de tardar decenas de años a segundos si una computadora cuántica probara todas las posibilidades a la vez.

Según la Fundación Heritage (Heritage Foundation), el think tank ultraderechista detrás de Project 2025: “Es imperativo para la seguridad nacional que Estados Unidos alcance la supremacía en computación cuántica y otras tecnologías antes que China, así como Oppenheimer lo hizo en su día frente a la Alemania nazi o la Unión Soviética”. Project 2025 es un manual de la agenda de los multimillonarios.

La clase dominante estadounidense no solo apuesta a obtener pagos enormes de contratos militares privados con estos hallazgos. La carrera por desarrollar la primera computadora cuántica útil forma parte de una pugna más amplia — y desesperada — para que Estados Unidos reafirme su menguante dominación global por la vía de la fuerza.

La desindustrialización sigue sin resolverse

Para fabricar consenso en torno a construir un centro de ciber-guerra militar cuántica en Chicago, PsiQuantum, el alcalde Johnson y el gobernador Pritzker apelan al simbolismo y la nostalgia de edificar sobre los restos de U.S. Steel South Works. A mediados del siglo XX, la planta de acero empleaba de forma estable hasta 20.000 trabajadores. El auge migratorio obrero en torno a la planta dio origen al vecindario de South Chicago tal como lo conocemos. Miles de trabajadores inmigrantes mexicanos calificados — y, más tarde, miles de trabajadores negros calificados como parte de la Gran Migración — se mudaron a la zona.

La caída de la producción en los años setenta y el cierre definitivo de South Works en 1992 se correlacionan directamente con la despoblación, el desempleo y el subdesarrollo en la región que hoy devastan a la clase trabajadora. JB Pritzker insinúa abiertamente que el IQMP devolverá los mismos niveles de estabilidad y bienestar a la gente trabajadora, pero solo promete emplear a 150 personas en total. En 2024, Pritzker elogió el proyecto como “una revolución potencial en la ciencia y la tecnología y una mejora de la vida de toda la humanidad”. Pero, como ya ocurre con los centros de datos en todo Illinois, es casi seguro que el IQMP aumente los impuestos a la propiedad, eleve los alquileres y las facturas de electricidad en el Sureste de la ciudad, profundizando la crisis de vivienda.

Las obras aún no han empezado y, cuando lo hagan, se cree ampliamente que desenterrarán químicos tóxicos y desechos industriales que nunca se retiraron adecuadamente tras la demolición de la antigua fábrica — lo que contaminará el lago Míchigan y expondrá a la población trabajadora cercana. Una vez concluida la construcción, personal militar federal, científicos sionistas de “defensa” y representantes de élite de los mayores bancos y administradoras de activos del mundo se convertirán en visitantes frecuentes de la 87, aumentando la presencia y el hostigamiento policial en un barrio ya fuertemente reprimido por la violencia racista de la policía.

Las soluciones son posibles bajo el socialismo

La realidad es que la crisis de vivienda tiene soluciones sencillas que hoy bloquean la propiedad privada y la búsqueda de lucro. Solo un movimiento de masas organizado ha logrado obligar a los multimillonarios a ceder ante las demandas de la gente trabajadora en situación de crisis.

Un centro de computación cuántica no tiene por qué construirse en la 87. En teoría, la computación cuántica podría hacer avanzar la química moderna — desde fármacos más eficientes hasta celdas fotovoltaicas más potentes para paneles solares. Pero no lo hará mientras responda a los intereses del “Departamento de Guerra” (Department of War) y no a las necesidades de la gente trabajadora. El socialismo — un sistema en el que la riqueza y el poder de decisión se comparten colectivamente entre las y los trabajadores — pondría la computación cuántica al servicio de sanar a la gente y al planeta — literalmente.

Foto destacada: entrada de la antigua U.S. Steel South Works en el South Side de Chicago. Crédito fotográfico: Vaticanus (CC BY 2.0).

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