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¿Quiénes se benefician de una guerra de Estados Unidos contra Venezuela?

Foto: Infantes de Marina a bordo de un buque desplegado en el Caribe como parte de la escalada bélica contra Venezuela

Los medios corporativos y los políticos del establishment quieren hacernos creer que una guerra contra Venezuela está en nuestros intereses — un conflicto “necesario” por la seguridad del pueblo estadounidense y por la democracia misma. Es una mentira descarada. Si la campaña de guerra de Trump llega a su conclusión y comienza un conflicto total, enormes cantidades de personas en Venezuela y en Estados Unidos sufrirán gravemente. Pero ¿quiénes se benefician?

Las grandes petroleras

En el pasado, las corporaciones con sede en Estados Unidos dominaban la industria petrolera de Venezuela. El gobierno venezolano tomó el control de su riqueza petrolera para que pudiera usarse para financiar programas sociales para su pueblo — brindando atención médica, educación, vivienda y otros derechos sociales. Empresas como ExxonMobil y ConocoPhillips han pasado más de una década intentando apoderarse de activos venezolanos en el extranjero como una forma retorcida de “compensación” por su pérdida de activos. Ahora, esperan regresar y saquear una vez más los recursos naturales de Venezuela.

Los fabricantes de armas

La guerra es un negocio. Northrop Grumman, Boeing, General Dynamics y tantas otras corporaciones del complejo militar-industrial obtienen enormes ganancias vendiendo armas al Pentágono para usarlas en la agresión contra países como Venezuela. Por ejemplo, los aviones F-35 que la administración Trump desplegó en Puerto Rico como parte de la escalada bélica son fabricados por Lockheed Martin, que espera embolsarse más de 2 billones de dólares con el desarrollo, la producción y el mantenimiento de estas aeronaves de guerra.

María Corina Machado y la clase dominante venezolana expulsada del poder

Antes, Venezuela estaba dominada por un puñado diminuto de familias ultrarricas, que ahora quieren volver a tomar el control del país con la ayuda de la maquinaria de guerra del Pentágono. Un ejemplo es María Corina Machado, la dirigente de derecha de la oposición venezolana a quien, de manera escandalosa, acaban de otorgarle el Premio Nobel de la Paz. Su familia fue copropietaria de SIDOR, la principal corporación siderúrgica del país, pero el gobierno la nacionalizó para que sus ingresos pudieran usarse en beneficio de la sociedad. Machado ha jurado privatizar SIDOR y otras empresas públicas.

NO la clase trabajadora de Estados Unidos

La enorme armada que Trump ha reunido frente a las costas de Venezuela se pagó con nuestros impuestos. El USS Gerald Ford — el portaaviones que Trump desplegó en las aguas frente a Venezuela — costó más de 17 mil millones de dólares. Ese dinero podría haberse gastado en escuelas, atención médica, creación de empleos, vivienda asequible y tantos otros programas que aliviarían las enormes cargas que pesan sobre la clase trabajadora. Y si el conflicto escala hasta una invasión total, no serán los hijos de los ejecutivos de Boeing o ExxonMobil quienes serán enviados a matar y morir — mandan a jóvenes de la clase trabajadora a hacerlo en su lugar.

NO el pueblo venezolano

La idea de que una guerra contra Venezuela ayudaría a la población del país “restaurando la democracia” es una mentira ridícula. El pueblo venezolano ya ha sufrido enormemente por las sanciones económicas impuestas por el gobierno de Estados Unidos — que, según una estimación, provocaron 40,000 muertes prevenibles. Serán el blanco de las bombas, balas y misiles del Pentágono si se desata una guerra total. Los cambios políticos que la administración Trump quiere en Venezuela son lo contrario de la democracia — quieren que el país sea gobernado por un pequeño puñado de familias superricas que, a su vez, obedecen las órdenes de una potencia extranjera.

NO el planeta

El Pentágono es la mayor fuente de emisiones que provocan el cambio climático en el mundo, y la acción militar causa daños irreparables a los ecosistemas. En Puerto Rico, el pueblo de Vieques libró una larga lucha durante muchos años para cerrar el sitio de pruebas de armas de la Marina, que envenenó la isla. Pero como parte de la escalada bélica contra Venezuela, la administración Trump acaba de reabrir esa instalación — la Base Naval Roosevelt Roads.

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