A partir del 10 de noviembre, la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) anunció que se eliminará la “advertencia de caja negra” de los medicamentos de terapia hormonal para la menopausia, también conocidos como terapia de reemplazo hormonal. Las advertencias de “caja negra” son las advertencias de seguridad más serias de la FDA para medicamentos recetados. Esta decisión se saltó los procesos típicos de aprobación de la FDA y enfrentó críticas de muchos profesionales de la salud. La administración Trump afirmó que está promoviendo la salud de las mujeres, pero sus políticas han desmantelado el acceso a la atención médica y a otras necesidades básicas para millones de mujeres. Además, la historia de la terapia hormonal para la menopausia en Estados Unidos está marcada por el sexismo y el racismo médico.
¿Salud de las mujeres o riqueza corporativa?
La etiqueta de “caja negra” para los medicamentos de terapia hormonal para la menopausia que contienen estrógeno afirmaba que el estrógeno puede aumentar el riesgo de “cáncer endometrial, trastornos cardiovasculares, probable demencia y cáncer de mama”. Esto incluye tanto medicamentos orales como vaginales. Según la FDA, esa etiqueta era “alarmista”, mientras que la eliminación de la advertencia de “caja negra” es “una acción histórica para restaurar la ciencia de estándar de oro en la salud de las mujeres”. Sin embargo, aunque la mayoría de profesionales de la salud coincide en que la terapia con estrógeno oral para los síntomas de la menopausia es beneficiosa en algunos casos, la comunidad médica está dividida sobre si es segura para todas las mujeres.
De la década de 1940 a la de 1970, el estrógeno fue uno de los medicamentos más recetados en Estados Unidos, pero después de 1975, estudios encendieron alarmas sobre vínculos con el cáncer endometrial, y su uso se desplomó. La advertencia de “caja negra” se basó en los hallazgos de un estudio de 2002 llamado la Iniciativa de Salud de la Mujer (Women’s Health Initiative, WHI), que terminó antes de lo previsto debido a un aumento del riesgo de cáncer de mama entre las participantes. Como resultado, el uso de la terapia hormonal para la menopausia se desplomó en Estados Unidos. Muchas y muchos obstetras-ginecólogos discrepan con los métodos de este estudio y con la manera en que se presentaron sus resultados, pero los datos citados por la administración Trump también se apoyan en una tergiversación de la ciencia.
En su comunicado de prensa sobre la decisión, el director del Departamento de Salud y Servicios Humanos (Department of Health and Human Services, HHS), Robert F. Kennedy Jr., y el comisionado de la FDA, el Dr. Marty Makary, afirmaron que la terapia hormonal para la menopausia reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares en un 50%, reduce el riesgo de Alzheimer en un 35% y puede extender la vida de las mujeres por diez años. “No tenemos esos datos”, dijo la Dra. Jen Gunter, una obstetra-ginecóloga canadiense. Según Gunter, su evidencia fue “seleccionada a conveniencia a partir de estudios antiquísimos, la mayoría observacionales, y algunos que sonaban completamente inventados”. Y añadió: “Si la menopausia acorta la vida de las mujeres, entonces ¿por qué las mujeres tienen una esperanza de vida más alta que los hombres?”
Un hallazgo central del WHI fue que la terapia hormonal para la menopausia no es un tratamiento eficaz para prevenir enfermedades cardíacas, derrames cerebrales ni deterioro cognitivo. Según la Dra. JoAnn E. Manson, esa conclusión sigue siendo válida hoy. Los procesos típicos de aprobación de la FDA incluyen reuniones de comités asesores, pero el cambio se hizo en base a un “panel de expertos” convocado por la FDA a principios de este año, donde solo estuvieron presentes defensores de la terapia hormonal para la menopausia.
Bajo las nuevas directrices, los riesgos potenciales se describirán en una etiqueta menos visible, lo que —según críticos— niega a las mujeres el derecho a tomar decisiones de salud con información completa. “Eliminar la caja negra y poner las advertencias en una etiqueta extensa que muchos médicos y la mayoría de pacientes no leerán es retroceder en la salud de las mujeres”, dijo Diana Zuckerman, científica y presidenta del Centro Nacional de Investigación en Salud (National Center for Health Research).
La Dra. Alicia Jackson, directora de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud del HHS (Advanced Research Projects Agency for Health, ARPA-H), calificó la decisión de eliminar la advertencia de “caja negra” como “un paso increíble para empoderar a millones de mujeres”. La Dra. Jackson es la fundadora y exdirectora ejecutiva de una empresa de telemedicina sobre menopausia llamada Evernow. Sin la advertencia de “caja negra”, será más fácil recetar la terapia hormonal para la menopausia en citas virtuales, lo que aumentará las ganancias de corporaciones de telemedicina. “Sí creo que esto está sirviendo de palera para las empresas de telemedicina”, dijo Gunter.
La raíz de la confusión en torno a la terapia hormonal para la menopausia está en el subfinanciamiento crónico de la investigación sobre la salud de las mujeres, lo cual contribuye a la falta de datos médicos definitivos sobre esta terapia. Si la administración Trump quiere promover la salud de las mujeres, debería financiar estudios científicos de calidad y ampliar el acceso a la atención médica. En cambio, ha recortado la investigación en salud en todos los frentes, ha negado atención médica a millones de personas y el HHS, bajo Kennedy, ha sido criticado repetidas veces por difundir desinformación médica de todo tipo.
“Feminine Forever”: las raíces sexistas de la terapia hormonal para la menopausia
“Durante demasiado tiempo, los temas de salud de las mujeres han sido subestimados. Las mujeres y sus médicos deben tomar decisiones basadas en datos, no en miedo”, declaró el Dr. Makary. Irónicamente, la popularidad histórica de la terapia hormonal para la menopausia se basó en el alarmismo dirigido hacia las mujeres.
La terapia hormonal para la menopausia entró al mercado en la década de 1940, pero no para promover la salud de las mujeres. La terapia con estrógeno se presentó como una solución para que las mujeres no se volvieran menos “atractivas” con la edad. En el libro de 1966 “Feminine Forever”, el ginecólogo Robert A. Wilson afirmó que, con la terapia de reemplazo hormonal, “los senos y los órganos genitales” de las mujeres “no se encogerán. Será mucho más agradable convivir con ella y no se volverá aburrida y poco atractiva”. La venta de estos medicamentos dependió de presentar la menopausia como una enfermedad que aflige a mujeres que envejecen, en vez de como un proceso natural.
El primer medicamento de terapia hormonal para la menopausia, Premarin, se comercializó como una “cura” para la menopausia, y ese enfoque anticuado hoy se refleja en el discurso de la administración Trump. Hace más de una década, profesionales reemplazaron el término “terapia de reemplazo hormonal” por “terapia hormonal para la menopausia”, porque el primero implica que la disminución de estrógeno necesariamente debe reemplazarse.
La terapia hormonal no es apropiada para todas las personas, ni es el único tratamiento para el malestar que muchas mujeres experimentan durante la menopausia — otras opciones eficaces incluyen otros medicamentos, la terapia cognitivo-conductual y cambios de estilo de vida.
Aunque algunas mujeres se beneficiarán de un mayor acceso a la terapia hormonal para la menopausia, el encuadre que hace la administración sobre la terapia con estrógeno debe entenderse en el contexto de su embestida contra los derechos de las mujeres. “Si tu objetivo final es quitarles derechos a las mujeres… entonces te conviene mucho decir que las mujeres son demasiado hormonales y que deben medicarse, especialmente con medicamentos asociados con la feminidad”, dijo Gunter. El historial sexista de Trump incluye numerosas acusaciones de agresión sexual, su relación con Jeffrey Epstein, una larga lista de comentarios misóginos y su respaldo a leyes antiaborto. Se alinea con comentaristas de extrema derecha abiertamente sexistas que promueven roles “tradicionales” para las mujeres. Mientras eliminan barreras para la terapia hormonal por síntomas de la menopausia, la administración a la vez está desmantelando el acceso al estrógeno para mujeres transgénero.
La sucia historia de los fármacos hormonales
Los procesos de aprobación de la FDA para medicamentos con estrógeno dirigidos a mujeres tienen una historia racista. Los anticonceptivos hormonales orales (control de la natalidad) se probaron por primera vez en la década de 1950, pero el rechazo popular impidió que investigadores los probaran en mujeres del territorio continental de Estados Unidos. El investigador Gregory Pincus trasladó los ensayos en humanos al territorio estadounidense de Puerto Rico, donde la falta de leyes regulatorias, menores niveles de escolaridad entre las mujeres y el aislamiento respecto a poblaciones blancas del territorio continental aseguraban que no enfrentaría obstáculos en sus experimentos. El gobierno dio luz verde por preocupaciones sobre la “sobrepoblación” en Puerto Rico.
En ese momento, la esterilización forzada era el método preferido de control poblacional, así que el control de la natalidad parecía benigno por comparación. Se atrajo a mujeres puertorriqueñas al estudio sin informarles que participaban en un ensayo clínico. Tampoco se les informó sobre posibles efectos secundarios. Cuando médicos en el terreno reportaron altos niveles de náuseas, vómitos y dolores de cabeza entre las participantes, Pincus los desestimó como “psicosomáticos”. Tres mujeres murieron durante los ensayos, y no se investigaron las causas. Pese a los métodos explotadores y antiéticos del ensayo, la píldora de Pincus recibió aprobación de la FDA y el primer anticonceptivo oral entró al mercado del territorio continental en 1960.
Desde la esterilización forzada de mujeres indígenas hasta el racismo médico continuo contra mujeres negras, las políticas de Estados Unidos han revocado la autonomía de mujeres pobres racializadas por siglos. No hay espacio para el racismo médico ni la explotación imperialista en la salud de las mujeres.
Soluciones reales para la salud de las mujeres
¿Cómo se ve realmente promover la salud de las mujeres? Necesitamos un sistema de salud universal, para que personas de todas las edades puedan acceder a recursos ginecológicos, que a menudo salvan vidas. Hay que sacar el afán de lucro de la atención médica, para que las decisiones sobre opciones de medicamentos se basen únicamente en las necesidades específicas de cada persona. Debemos ampliar el acceso a la atención médica para personas trans. Debemos acabar con el racismo médico, lo que incluye expandir instalaciones de salud en comunidades desatendidas y ofrecer educación médica gratuita para que más mujeres y más personas racializadas puedan convertirse en médicas y médicos. Tenemos que acabar con el sistema imperialista que trata a mujeres del Sur Global como conejillos de indias y crea crisis de salud pública mediante guerras interminables. Tenemos que redirigir recursos hacia la investigación científica sobre la salud de las mujeres. Quienes defienden la salud de las mujeres deben unirse para exigir el fin del sistema capitalista explotador, que se interpone en el camino hacia un futuro justo para todas las personas y para el planeta.
Imagen destacada: Robert F. Kennedy Jr. hablando en un mitin de campaña en 2024. Crédito: Flickr/Greg Skidmore (CC BY-SA 2.0)
