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Las más de 50 muertes por inundaciones repentinas en el centro de Texas eran evitables

Más de 50 personas han muerto, decenas están desaparecidas y se han destruido incontables vidas tras las inundaciones repentinas sin precedentes que azotaron el centro de Texas el 4 de julio.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, y el presidente Donald Trump culparon al clima por su supuesta imprevisibilidad. Pero detrás de sus mentiras, sabemos que los impactos desastrosos de las inundaciones eran evitables.

¿Qué ocurrió en el centro de Texas?

En la noche del 3 de julio y la madrugada del 4, el condado de Kerr, Texas, recibió entre 10 y 15 pulgadas de lluvia en solo unas horas, lo que provocó la crecida del río Guadalupe y otros cuerpos de agua. En Hunt, donde el río se bifurca, el nivel del agua subió 22 pies en apenas dos horas. El medidor se rompió tras alcanzar el máximo de 29 pies y medio. Inundaciones similares ocurrieron aguas abajo en Kerrville, Center Point y otros pueblos. En todo el centro de Texas, múltiples condados enfrentaron inundaciones y muertes.

La región conocida como Texas Hill Country es llamada también “el corredor de inundaciones repentinas” (Flash Flood Alley) debido a la frecuencia y rapidez con la que se producen estas crecidas a lo largo de los ríos. Esta fue especialmente catastrófica porque ocurrió de madrugada, con muy poca antelación, y porque afectó directamente al Camp Mystic, un campamento cristiano de verano para niñas a orillas del Guadalupe. Decenas de niñas siguen desaparecidas.

¿Quién tiene la culpa de esta catástrofe en el centro de Texas?

Tras las inundaciones, los funcionarios texanos intentaron culpar al Servicio Meteorológico Nacional (National Weather Service, NWS) por no emitir pronósticos precisos. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, se sumó a la línea oficial, afirmando con desdén que “[a] veces el Servicio Meteorológico acierta y a veces no”.

Noem afirmó sin pruebas que Trump está “modernizando la tecnología” y “arreglando el NWS”. Pero en realidad, la administración Trump ha hecho exactamente lo contrario.

No solo ha supervisado la eliminación de cientos de empleos en el Servicio Meteorológico Nacional, sino que ha recortado drásticamente los fondos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) y de otras instituciones federales encargadas de preparar, mitigar y responder ante desastres. A nivel estatal, Greg Abbott se ha negado a reconocer el cambio climático y ha bloqueado legislación que exigiría a las agencias locales planificar frente a riesgos climáticos. Todo esto equivale a una sentencia de muerte para el pueblo de Texas.

Texas no es ajeno a los efectos del cambio climático

Texas ya es conocido por su vulnerabilidad ante las inundaciones repentinas; el estado registra más muertes por inundaciones que cualquier otro en el país. A medida que el cambio climático intensifica los eventos de lluvias extremas, podemos estar seguros de que estas inundaciones serán más frecuentes y más destructivas.

Las inundaciones repentinas son el segundo fenómeno climático más letal en Estados Unidos. Pero en lugar de aumentar el financiamiento para prevenir desastres, tanto las agencias estatales como las federales han hecho todo lo posible por desmantelar las instituciones encargadas de garantizar nuestra seguridad.

Los políticos tal vez se feliciten por sus tibias respuestas al desastre, echando la culpa a la gente por no evacuar o al clima por ser impredecible. Pero son ellos quienes se han negado a tomar en serio el cambio climático y la preparación ante desastres. Los efectos del cambio climático ya están aquí —los reconozcan Abbott y Trump o no.

No se trata solo de alertas: necesitamos otro sistema

Las inundaciones trágicas de este fin de semana no fueron las primeras en Texas, y ciertamente no serán las últimas. Los gobiernos locales, estatales y federales ya lo saben. ¿Entonces por qué su respuesta sigue siendo simplemente “esperar y ver”?

El problema no es solo el momento en que se emiten las alertas. Lo que necesitamos —y merecemos— es un sistema proactivo, no meramente reactivo. El cambio climático está provocando tormentas más grandes e impredecibles. Necesitamos un gobierno que esté a la altura del reto de preparar a la sociedad ahora, no uno que simplemente reaccione después de que el desastre ocurra.

Bajo el sistema capitalista, el enfoque ante los desastres siempre es el mismo: “sálvese quien pueda”. Vivimos en el país más rico del mundo, con los recursos para desarrollar una infraestructura robusta y centralizada de preparación y respuesta. Lo que falta no es capacidad —sino voluntad política.

Ante el aumento de los desastres en Texas y más allá, necesitamos infraestructura capaz de soportar condiciones climáticas extremas, una planificación urbana que tenga en cuenta los desastres y el cambio climático, y redes comunitarias bien organizadas, capaces de responder y cuidar a nuestras comunidades durante emergencias. Necesitamos educación pública sobre los peligros meteorológicos en nuestras regiones y recursos para preparar adecuadamente nuestros hogares y nuestras familias. Un futuro mejor es posible —¡pero hay que luchar por él! Y no solo eso: necesitamos un sistema completamente nuevo, uno que priorice la vida y el bienestar de las personas.

Foto principal: Imágenes aéreas de las inundaciones repentinas del 4 de julio en Texas. Crédito: Captura de pantalla de KOAM News Now en YouTube.

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