El discurso sobre el Estado de la Unión de Donald Trump pintó el retrato de un político que hace agua, una triste excusa de líder y un matón de manual – golpeándose el pecho y lanzando amenazas para encubrir sus enormes debilidades, que ahora el mundo entero puede ver. Fue un discurso largo y divagante, alargado aún más por los políticos republicanos serviles en el Congreso, que se pusieron de pie una y otra vez para aplaudirlo.
Ninguno de nosotros se deja engañar por la fanfarronería de Trump. El de anoche fue el discurso de un hombre que sabe que su popularidad se está desplomando. Un hombre que sabe que no tiene ningún plan para cumplir sus falsas promesas de mejorar la vida de la gente en nuestro país. Un hombre que intenta desesperadamente convencernos de que creamos en sus palabras por encima de nuestras propias experiencias.
El discurso de Trump fue una diatriba autocomplaciente que intentó reescribir los hechos de su primer año de regreso en el cargo. ¿Su punto principal? Que la economía de Estados Unidos ruge como nunca antes y que el país está alcanzando nuevos niveles de éxito. Pero, ¿cuál es el verdadero estado de la Unión?
Dos tercios de los trabajadores de nuestro país viven de cheque en cheque. Más de la mitad de las personas en Estados Unidos no tienen suficientes ahorros para cubrir una emergencia de 1,000 dólares. Las facturas médicas son la causa más común de bancarrota. La deuda total de los hogares ha alcanzado casi 19 billones de dólares, una cifra récord. Nuestras familias están luchando por mantenerse a flote porque la economía está amañada en favor de los ultrarricos. El 1 % más rico posee más riqueza que el 90 % más pobre combinado.
El primer año de Trump en el cargo no ha hecho más que agravar esa desigualdad. Su llamada “Gran y Hermosa Ley” les dio a los ricos y a sus corporaciones más de un billón de dólares en recortes fiscales. Solo cuatro de las mayores empresas tecnológicas – Amazon, Alphabet, Meta y Tesla – recibieron 51 mil millones de dólares en exenciones fiscales gracias a esa ley.
Las guerras comerciales de Trump no hicieron nada para recuperar empleos dignos, como prometió – el número total de empleos manufactureros ha disminuido desde que comenzaron los aranceles de Trump. Pero a los multimillonarios sí les ha ido mejor – hay más de 900 en nuestro país, y el año pasado aumentaron su riqueza en más de 1 billón de dólares.
Por eso, en su discurso, Trump intentó construir un mundo de fantasía. En el tema de la salud, se presentó como un campeón que defiende al pueblo frente a las grandes farmacéuticas y las compañías de seguros médicos. Presentó TrumpRx como la solución a los precios abusivos de los medicamentos recetados, pero solo las personas que no tienen seguro médico son elegibles para ese programa, y Trump no tiene ningún plan para asegurar a quienes no tienen cobertura. Y no olvidemos que Trump y los republicanos compensaron el dinero que el gobierno perdió con los recortes de impuestos para los multimillonarios recortando miles de millones de dólares de Medicaid y del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (Supplemental Nutrition Assistance Program, SNAP): quitando comida de la mesa de las familias y cerrándoles la puerta del consultorio a millones de personas.
Para empeorar las cosas, Trump ha aumentado el presupuesto militar a más de 1 billón de dólares. Un billón de dólares para la muerte y la destrucción. Solo este año hemos visto al ejército estadounidense bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. Hemos visto a Trump endurecer un bloqueo letal contra el pueblo de Cuba que ha provocado una crisis energética artificial en la isla. Hemos visto renovarse la posibilidad de otra guerra desastrosa en el Medio Oriente con las amenazas de Trump contra Irán. Todas estas acciones ejemplifican la visión de Trump de que “la fuerza da la razón” frente al resto del mundo, y todas estas acciones son, al igual que su política interna, profundamente impopulares.
Como no tiene soluciones para nuestro país, Trump miente. Demoniza a nuestras comunidades inmigrantes, utilizando el lenguaje racista más vil para describirlas. Calumnia a las personas transgénero y convierte en chivo expiatorio a la diversidad, la equidad y la inclusión (diversity, equity, and inclusion, DEI). Pero él sabe que su narrativa se está derrumbando.
Para compensarlo, Trump y los republicanos están sentando las bases para destrozar el derecho al voto de millones de personas en Estados Unidos. George W. Bush robó las elecciones presidenciales del año 2000 porque los republicanos purgaron de las listas electorales a miles de ciudadanos en Florida. La Ley SAVE, que Trump promovió durante su discurso de anoche, podría hacerles lo mismo a millones de ciudadanos estadounidenses en todo el país. Si usted cambió su nombre en la adultez porque, por ejemplo, se casó, y su nombre legal ya no coincide con su certificado de nacimiento, la Ley SAVE podría despojarlo de su derecho al voto. Ese es el caso de 70 millones de personas en este país, en su mayoría mujeres, cuyos derechos Trump está atacando. Veintiún millones de ciudadanos en este país no tienen una identificación de votante emitida por el gobierno, y desproporcionadamente son negros, latinos o viven en la pobreza. Eso representa más del 10 % de la población en edad de votar en este país, a la que Trump está intentando despojar abiertamente de sus derechos políticos.
¿Por qué hace esto? Porque Trump sabe que su programa es profundamente impopular. Llamativamente ausente del discurso de Trump estuvo cualquier mención a la mayor derrota de su administración hasta ahora: el fin de la campaña de terror de ICE en Minnesota. Esa derrota no vino de manos del Partido Demócrata, que una y otra vez ha demostrado ser una oposición ineficaz. De hecho, los demócratas comparten muchos de los objetivos de Trump – especialmente cuando se trata de intimidar al resto del mundo. Por eso Chuck Schumer y Hakeem Jeffries están trabajando para bloquear una votación sobre una resolución de poderes de guerra que impediría una nueva guerra contra Irán.
Trump fue derrotado en Minnesota porque el pueblo de Minnesota, y luego el pueblo de todo el país, actuó para paralizar la normalidad después de que los agentes de inmigración de Trump asesinaran a Renee Nicole Good y Alex Pretti. Debemos seguir construyendo un movimiento para oponernos a la guerra de Trump contra los inmigrantes y contra toda la clase trabajadora.
A 250 años de la fundación del país, nuestro país se encuentra en una encrucijada. Trump busca llevarnos permanentemente por el camino de un sistema que prioriza los bolsillos de los multimillonarios por encima de nuestras necesidades, y que utiliza la violencia dentro y fuera del país para mantenerse. El PSL lucha por un camino diferente – un camino socialista. El discurso de Trump sobre el Estado de la Unión mostró cuán urgente es esa lucha. Los invitamos a sumarse a ella.



