En marzo de 2026, Donald Trump recibió en la Base de la Fuerza Aérea de Dover, en Delaware, los féretros de los primeros soldados estadounidenses muertos en la guerra ilegal y no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán, en lo que se llamó un “traslado digno”. Pero las palabras que eligió para marcar la ocasión difícilmente podrían calificarse como dignas.
“Cuando tienes conflictos como este, siempre hay muerte”, dijo Trump, restándole importancia con displicencia a la violencia sin sentido que los gobiernos bajo su dirección y la de Netanyahu han desatado con sus ataques contra el pueblo iraní durante el último mes.
En su discurso, en el que intentó hacer un balance del primer mes de guerra contra Irán, Trump incluso afirmó que los seres queridos de los miembros de las fuerzas armadas le estaban pidiendo de manera unánime que prolongara la guerra, al decir: “Cada una de esas personas, sus seres queridos, dijeron: ‘Por favor, señor, termine el trabajo’”. Eso parece ir en contra de la realidad de familiares de militares que han salido en televisión calificando la guerra de “injustificada” y exigiendo que termine.
Sin embargo, para un gobierno que entiende que la muerte de soldados de clase trabajadora empujados a enlistarse por reclutadores mentirosos que prometen estabilidad económica es algo dado en sus guerras, parece haber cierta renuencia a hablar con franqueza sobre las cifras de la actual ofensiva bélica contra Irán.
Hasta ahora, el Comando Central de Estados Unidos (U.S. Central Command, CENTCOM) del Departamento de Guerra ha publicado el número de bajas a regañadientes, de forma engañosa o, sencillamente, no lo ha hecho. El 31 de marzo, el portavoz de CENTCOM, el capitán Tim Hawkins, afirmó que “303 soldados estadounidenses han sido heridos” en la Operación Epic Fury. Sin embargo, eso omitía descaradamente el ataque contra la Base Aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita, ocurrido días antes, en el que resultaron heridos al menos más de una docena de soldados estadounidenses.
De manera bastante solapada, el Pentágono se ha negado a reconocer que, desde octubre de 2023, 750 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses han muerto en la región de Medio Oriente ocupada por las fuerzas de CENTCOM.
¿Quién paga el costo?
En la primera semana de la guerra, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, ofreció una conferencia de prensa en la que desestimó las preguntas sobre el costo humano. “Cuando unos pocos drones logran pasar o ocurren hechos trágicos, eso sale en primera plana”, dijo Hegseth. “Lo entiendo. La prensa solo quiere hacer quedar mal al presidente. Pero, por una vez, intenten informar sobre la realidad. Los términos de esta guerra los fijaremos nosotros en cada paso”.
Y la realidad es precisamente lo que la mayoría de la población estadounidense y los periodistas intentan descifrar, a pesar de que el alto mando del Pentágono la oculta.
El modus operandi del Departamento de Guerra ha sido llevar a cabo una campaña genocida de bombardeos contra grandes centros de población como Isfahán y Teherán. Entre ambas ciudades suman 13 millones de personas en la mira de las campañas de bombardeo de Estados Unidos e Israel, lo que ha provocado la muerte de casi 2,000 personas y más de 25,000 heridos en la sociedad iraní.
En respuesta a esta agresión, las fuerzas armadas iraníes han respondido atacando a las fuerzas militares estadounidenses de ocupación en la región, cuya presencia se ha expandido enormemente desde el derrocamiento, en 1979, del régimen del sha respaldado por Estados Unidos. En lugar de proteger esas posiciones, el Pentágono les ha enviado sus oraciones a los miembros de las fuerzas armadas y los ha obligado a refugiarse en hoteles y edificios de oficinas en Kuwait, Qatar y Bahréin.
Ordenar el bombardeo indiscriminado de un país poderoso como Irán y luego dejar a los miembros de las fuerzas armadas que ejecutan esas órdenes a su suerte, obligándolos a protegerse y huir por su cuenta, es indicativo de la pura cobardía de los políticos capitalistas y de los generales que llevan a cabo sus guerras. La historia demuestra que eso no produce otra cosa que un creciente descontento dentro de las filas militares.
El pueblo trabajador, ya sea alistada o civil, viva en Washington, D.C., o en Teherán, paga el costo de las guerras de Estados Unidos. En una época en que los crímenes de guerra de Estados Unidos e Israel llegan casi instantáneamente a los bolsillos de miles de millones de personas, la capacidad del imperialismo para librar estas guerras puede ser contenida por el rechazo de millones de residentes en Estados Unidos que están despertando a sus horrores. Los crímenes de guerra abiertos, como los cometidos contra las niñas y niños de Gaza o de Teherán a plena luz del día, no se olvidan. El nuevo nivel de depravación mostrado por el Pentágono al negarse a reconocer incluso sus propias pérdidas es otro ejemplo de por qué los miembros de las fuerzas armadas no deben seguir obedeciendo las órdenes de Trump o Hegseth.
Hay una salida
Un número creciente de miembros de las fuerzas armadas está actuando a un ritmo sin precedentes. Más temprano que en cualquier guerra imperial moderna, el interés en obtener estatus de objetor de conciencia se ha disparado. El Centro para la Conciencia y la Guerra (Center on Conscience and War, CCW), una organización que defiende los derechos de los objetores de conciencia y se opone al reclutamiento militar obligatorio, ha estado recibiendo llamadas a través de su línea de ayuda. Desde el inicio de la guerra contra Irán, el director ejecutivo de CCW, Mike Prysner, ha informado de un aumento del 1000% en las llamadas. “Les están diciendo que una guerra terrestre es inevitable, que esto va en serio y que más vale que se preparen”, dice Prysner, ilustrando que los mandatos de obediencia están siendo respondidos con miembros de las fuerzas armadas que buscan una salida cueste lo que cueste.
Este es un momento en que todos los sectores de la sociedad estadounidense deben tomar posición, incluidos los miembros de las fuerzas armadas. Desde los costos morales hasta los costos económicos de esta guerra, las únicas personas que se benefician son los multimillonarios que lucran con un presupuesto bélico inflado. Lo que se necesita más que nunca es el mismo movimiento contra la guerra que vimos en épocas anteriores, como el movimiento GI durante la guerra contra el Sudeste Asiático. Esa fuerza organizativa dentro de las fuerzas armadas actuó como un freno a una mayor violencia imperialista y se mantuvo firmemente del lado de los pueblos vietnamita y camboyano frente a su propia clase dominante.
Si formas parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y te interesa solicitar la baja o una reasignación como objetor de conciencia, puedes llamar gratuitamente al Centro para la Conciencia y la Guerra al 800-379-2679.




