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Declaración del PSL — Cierre del gobierno: solo un movimiento popular derrotará a Trump y a la derecha

Foto: Donald Trump con el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson

Un cierre del gobierno parece altamente probable en las próximas horas. A pesar de las negociaciones de última hora, este dramático desarrollo se concreta por una razón fundamental: la administración Trump y la derecha en el Congreso están empeñadas en destruir el acceso de la clase trabajadora a la atención de salud.

En un “cierre del gobierno”, no todas las áreas del gobierno federal dejan de operar. Los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (United States Immigration and Customs Enforcement, ICE) seguirán aterrorizando a familias inmigrantes. La maquinaria de guerra del Pentágono continuará amenazando al mundo. Los primeros programas en peligrar serán líneas de vida vitales como WIC o los cupones de alimentos (Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, SNAP).

Típicamente, los cierres han sido causados por miembros republicanos del Congreso que se niegan a aprobar proyectos de presupuesto a menos que incluyan recortes masivos a programas sociales. Sin embargo, el carácter político esta vez es distinto. Políticos demócratas, cuyos votos son necesarios en el Senado para superar el requisito del “filibuster” de 60 votos, dicen que no votarán un proyecto de financiamiento a menos que revierta los recortes a Medicaid en el “gran y hermoso proyecto de ley” de Trump aprobado en julio, y que impida la expiración de los subsidios asociados con la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (Affordable Care Act, ACA) que reducen los pagos de las primas de los seguros.

Los republicanos pueden poner fin al cierre en cualquier momento. Todo lo que tendrían que hacer es retirarse de los recortes a Medicaid y mantener los fondos que abaratan las primas de los planes comprados en los mercados de la ACA. En cambio, amenazan con intensificar su guerra contra las familias trabajadoras llevando a cabo aún más despidos masivos de trabajadores federales.

Cálculos políticos de la élite del Partido Demócrata

Una característica definitoria de la dirigencia del Partido Demócrata es su patética renuencia a asumir una postura firme contra la agenda de la derecha — por populares que sean sus posiciones de base. Esto quedó plenamente en evidencia hace apenas seis meses cuando los demócratas en el Senado enfrentaron la misma disyuntiva: ¿extender temporalmente la financiación del gobierno o cerrar el gobierno para enfrentar la agenda de Trump? (en ese momento, el tema central eran los recortes “DOGE” de Elon Musk). Chuck Schumer decidió rendirse sin luchar y dar a los republicanos el proyecto temporal de financiación que querían.

Entonces, ¿por qué ahora es diferente? En esencia, el movimiento contra Trump se ha hecho más fuerte y más amplio. Cuando capituló en marzo, Schumer se topó con la indignación incluso de otros políticos demócratas que favorecen una postura más confrontativa hacia Trump. Desde entonces, millones de personas han salido a las calles en una serie de movilizaciones masivas como las manifestaciones #50501, el “Día Sin Reyes” (No Kings Day), protestas contra ICE y más. Y la opinión pública se desplaza aún más contra Trump en áreas clave de política. Simplemente les resulta insostenible repetir el mismo curso de acción — la dirigencia demócrata necesita, al menos, ser percibida como que está tomando una postura.

Pero como su verdadera preocupación es cómo son percibidos y no el resultado real, existe una fuerte posibilidad de que este cierre sea breve y performativo. Schumer y los demás líderes demócratas en el Congreso podrían llegar a un acuerdo tras un período muy corto que no cumpla ninguna de sus exigencias. Podrían disfrazar su rendición como un gesto abnegado para evitar el impacto negativo del cierre en la población, y la guerra de la administración Trump contra la atención de salud de la clase trabajadora no se frenaría ni un ápice.

Nada de lo que venga es inevitable. Quienes se oponen a Trump y creen en un mundo mejor no deben contentarse con ser simples espectadores que esperan lo mejor mientras los políticos en Washington maniobran.

La clave es el movimiento popular

Así como el surgimiento de protestas masivas contra la administración Trump fue decisivo para obligar a los líderes demócratas del Congreso a tomar postura, la intervención de un amplio movimiento popular contra la ultraderecha será decisiva en el desenlace del cierre.

Manifestaciones callejeras de gran escala y otras acciones de protesta durante el cierre ejercerían una presión muy útil sobre ambos polos del espectro político de la clase dominante. En estas circunstancias, el costo político de la rendición para la élite demócrata sería mucho mayor. Su base electoral se desmoralizaría aún más y se intensificarían los llamados para que figuras como Schumer renuncien al liderazgo. Del lado republicano, una oposición masiva y visible plantea la pregunta: ¿realmente queremos poner en riesgo toda nuestra agenda política solo para lograr algo tan impopular como encarecer la atención de salud?

El papel del movimiento obrero podría ser crucial para lograr la victoria en esta contienda. A fines de 2018 tuvo lugar el cierre de gobierno más largo de la historia de EE. UU. Durante más de un mes, servicios públicos vitales se paralizaron mientras Trump presionaba por una financiación masiva para construir un muro fronterizo. Al final, Trump no se salió con la suya porque el sindicato de Auxiliares de Vuelo (Association of Flight Attendants) y su presidenta, Sara Nelson, amenazaron con encabezar al movimiento obrero hacia una huelga general. Hablando con otras dirigencias de sindicatos de la AFL-CIO en una cena en honor al Día de Martin Luther King, Nelson dijo: “Regresen con la apremiante urgencia del ahora para hablar con sus seccionales y sindicatos internacionales de que todas y todos los trabajadores se unan para poner fin a este cierre con una huelga general”.

Si las y los auxiliares de vuelo se hubieran declarado en huelga y dejado en tierra vuelos en todo el país, eso por sí solo habría sido altamente disruptivo para el funcionamiento normal de la economía y la sociedad. Enfrentar eso, además de la perspectiva de una acción colectiva histórica de toda la clase trabajadora —fue simplemente demasiado para que los políticos de derecha en Washington lo toleraran. Una acción similar del movimiento obrero en el presente galvanizaría a todo el país— y esta vez sería en torno a un tema tan ampliamente popular como el acceso a la atención de salud.

Los sindicatos que representan a trabajadores federales están en una posición importante para realizar movilizaciones masivas. La cancelación ilegal el mes pasado de convenios que amparaban a cientos de miles de empleados de agencias gubernamentales lo deja claro: se trata de una crisis existencial para la fuerza laboral federal. Si la administración Trump dice a trabajadores federales que se queden en casa porque son “no esenciales”, ¿qué mejor manera de emplear ese tiempo que engrosando las filas de las protestas contra la agenda de los multimillonarios?

Lo que ocurra en los próximos días será un hito en el movimiento para detener a Trump. Si Schumer y los demócratas se rinden tras solo fingir que pelean, esto debería ser un punto de inflexión para que quienes creen en la justicia y la democracia desechen de una vez por todas a esa falsa dirigencia. Pero el curso de los acontecimientos podría quedar fuera de las manos de cualquier político en Washington si el pueblo se moviliza y aprovecha esta oportunidad para asestar un golpe duradero a la guerra de la administración Trump contra nuestros derechos.

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