A comienzos de febrero, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, compareció ante las audiencias del Comité Judicial de la Cámara de Representantes. Cuando fue presionada sobre su manejo de los archivos de Epstein, Bondi mintió de manera sistemática, se negó a responder preguntas, desvió la atención y desacreditó personalmente a sus interlocutores.
Varias de las aproximadamente 1,000 víctimas de Epstein estuvieron presentes en la audiencia, pero Bondi se negó a reconocerlas. La versión de los archivos que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos (United States Department of Justice, DOJ) decidió publicar reveló los nombres de las víctimas y su información identificatoria más de 500 veces, al tiempo que censuró en gran medida los nombres de sus agresores. Bondi también se negó públicamente a disculparse por esto – una acción que ha puesto en riesgo la seguridad de muchas sobrevivientes – y no respondió si su Departamento de Justicia procesaría o no a los agresores. Las sobrevivientes revelaron que el Departamento de Justicia ni siquiera les ha devuelto las llamadas.
El tono combativo de Bondi y su negativa a responder incluso las preguntas más básicas dejaron desconcertados a los legisladores. Sin embargo, Bondi sí cumplió la tarea que le había encomendado la administración Trump: servir de escudo para desviar la atención de Trump y de sus allegados. Cabe destacar que Donald Trump y sus afiliados fueron mencionados más de 38,000 veces en los archivos de Epstein.
El gobierno federal y la clase dominante en general, aunque divididos internamente sobre cómo manejar este asunto, están presentando la publicación de los archivos como un supuesto acto de buena voluntad y transparencia. Sin embargo, su manejo deliberadamente negligente del caso ha retraumatizado y puesto en peligro a las sobrevivientes, además de bombardear al público con una avalancha de detalles horribles a los que deliberadamente les falta la información crucial para que haya rendición de cuentas.
El abuso sexual de las personas vulnerables es endémico al capitalismo estadounidense
En medio de todas las mentiras descaradas y maniobras retóricas de Bondi, hubo una afirmación suya que realmente dio en el blanco: esos archivos de Epstein estaban disponibles para ser investigados cuando Merrick Garland ocupó su cargo como fiscal general bajo Biden entre 2021 y 2025.
Lo que Bondi está insinuando al referirse a Merrick Garland es que el tipo de abuso sexual y pedofilia detallado en los archivos de Epstein ha gozado durante mucho tiempo de una aceptación silenciosa y bipartidista. La administración Biden, y posteriormente la campaña de Harris de 2024, podrían haber anotado puntos políticos fáciles al revelar las decenas de miles de veces que el nombre de Trump aparecía en los archivos. Ambas tuvieron la oportunidad de atacar a altos funcionarios de Trump, entre ellos Stephen Feinberg, Elon Musk, Steve Bannon y Alex Acosta, entre otros, pero decidieron no hacerlo.
Para entender este fenómeno inmoral, debemos comprender que la explotación sexual de las personas vulnerables ha sido una constante histórica entre la clase dominante de la élite, que se considera por encima de la ley, sin importar su afiliación partidaria. Altas figuras del Partido Demócrata, entre ellas Bill Clinton, Larry Summers y la exasesora legal de la Casa Blanca de Obama Kathy Ruemmler, también fueron implicadas en los archivos. El movimiento “Me Too” de mediados de la década de 2010 fue una prueba de que el abuso sexual es desenfrenado en los pasillos del poder. Y aun hoy, el sistema judicial sigue estando estructurado en contra de las víctimas, mientras violadores forman parte del grupo de jueces que opera el tribunal más alto de Estados Unidos.
Esta es una práctica histórica de la clase élite estadounidense que se remonta, al menos, a la época de la esclavitud de bienes muebles. Los propietarios de esclavos comerciaban con adolescentes negras y niños de apenas 10 años – conocidos como “Fancy Girls” y “Fancy Boys” – específicamente con fines de prostitución. Estos niños eran considerados productos de lujo de alta gama, a menudo mantenidos separados de otras personas esclavizadas y vendidos o subastados a precios varias veces más altos.
Con el tiempo, esta práctica evolucionó, y la clase élite que dicta el imperialismo estadounidense encontró nuevas vías de explotación allí donde el imperio de Estados Unidos decidiera poner pie en el extranjero. Los archivos de Epstein hacen referencia repetidamente a mujeres traficadas procedentes de antiguos Estados soviéticos, Centroamérica e incluso de lugares dentro de Estados Unidos marcados por un profundo sufrimiento económico.
No habrá justicia bajo el dominio capitalista
Ver por fin a una alta funcionaria de la administración Trump ser interpelada en el pleno de la Cámara fue un momento catártico para muchas personas. Pero el Partido Demócrata no ha hecho un esfuerzo serio y unificado para castigar a los implicados, ni para abordar el problema de fondo más allá de los archivos de Epstein. Aunque ciertas personas han hecho intentos apasionados por lograr justicia, el partido en su conjunto se limita a la pose verbal, satisfecho con utilizar estos crímenes como poco más que un tema de campaña de cara a las elecciones de medio término.
Varias sobrevivientes han señalado que agradecen la condena a Epstein y a sus afiliados, pero que se ha prestado muy poca atención a las víctimas mismas o a las formas en que nuestra sociedad facilita y permite sistemáticamente este tipo de abusos. Tiene sentido, dado el apoyo de los demócratas al genocidio de Israel en Gaza, entre otras aventuras imperialistas – un partido al que evidentemente no le importa matar niños probablemente tampoco esté comprometido con protegerlos del abuso sexual. Ninguno de los dos partidos políticos dominantes en Estados Unidos está desafiando seriamente ni a los agresores ni al sistema que ha dado origen a esta horrenda cadena de crímenes.
Y, como telón de fondo de todo esto, los delitos que tienen como objetivo a niñas y niños han aumentado rápidamente en Estados Unidos como nunca antes, sin que haya atención legislativa. Por ejemplo, tan solo el año pasado, el número de reportes sobre el uso de inteligencia artificial generativa para crear imágenes relacionadas con la explotación sexual infantil llegó a 440,419, más de 64 veces la cifra del año anterior. El Centro Nacional para Menores Desaparecidos y Explotados (National Center for Missing & Exploited Children) recibió más de 113,000 reportes de trata sexual de menores de entre 11 y 17 años el año pasado, una cifra muy por debajo de la realidad, según la principal asesora jurídica del centro.
Está claro que el camino hacia la justicia en esta situación no pasará por las instituciones capitalistas. El fracaso colectivo y deliberado de ambos partidos, del Buró Federal de Investigaciones (Federal Bureau of Investigation, FBI) y del Departamento de Justicia de los Estados Unidos (United States Department of Justice, DOJ) para nombrar y procesar a prominentes criminales sexuales, y mucho menos tratar a las sobrevivientes de Epstein con una dignidad básica a lo largo de todo este proceso, ilustra la depravación total de toda la clase dominante. Es imposible que un sistema capitalista imponga consecuencias serias a los ultrarricos. La única manera de garantizar justicia es unirse y organizarse para construir un nuevo sistema socialista que lo reemplace y ponga fin a toda explotación.
Foto: Sobrevivientes de abuso sexual infantil sostienen fotos de sí mismas cuando conocieron a Epstein por primera vez. Captura de pantalla de un video en la página de Facebook de World Without Exploitation.
