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Mito vs. realidad: ¿Son los recortes a la investigación sobre salud trans beneficiosos para la clase trabajadora?

La administración de Trump y la clase multimillonaria que representa han declarado que la investigación sobre salud transgénero es derrochadora, innecesaria, carente de base científica y, en última instancia, sin beneficio alguno para las personas trabajadoras. Como resultado, cientos de becas de investigación han sido canceladas por los Institutos Nacionales de Salud (National Institutes of Health, NIH) por incluir a personas trans en sus estudios. ¿Cuál es entonces la verdad? ¿Es realmente innecesaria esta investigación y útil solo para una pequeña minoría de personas en Estados Unidos? ¿O forman parte las declaraciones del gobierno y la cancelación de becas de un ataque más amplio contra comunidades especialmente oprimidas?

Mito 1: La investigación sobre salud trans es innecesaria.

Las personas trans enfrentan profundas desigualdades en salud y bienestar en comparación con las personas no trans. Las personas trans adultas tienen mayor riesgo de cáncer de mama, demencia y VIH. Se ha encontrado que tienen casi cuatro veces más probabilidades de padecer un trastorno por uso de sustancias, y que las juventudes trans tienen más de cuatro veces más probabilidades de consumir drogas ilícitas que sus pares no trans. Investigaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) han encontrado que el 42% de las mujeres trans viven con VIH, y entre ellas, un 62% de las mujeres trans Negras. Financiar esta investigación no solo es necesario: salva vidas. Identificar estas disparidades permite a los profesionales de la salud adaptar su trabajo para llegar mejor a quienes más lo necesitan.

Mito 2: La investigación sobre salud trans no es científica y promueve tratamientos médicos dañinos.

Cuando la administración de Trump afirma que esta investigación carece de rigor científico y promueve prácticas “dañinas”, como las cirugías de afirmación de género o la terapia hormonal, pasa por alto que justamente es la ciencia la que permite evaluar esas afirmaciones. Sin investigación financiada, no es posible saber si realmente existen diferencias en los resultados de salud, si la terapia hormonal conlleva riesgos a largo plazo, o si las cirugías de afirmación de género causan daños físicos o psicológicos. Incluso si sectores antitrans se oponen a la atención médica para personas trans, investigar estos temas es útil para identificar cualquier posible efecto adverso de esos cuidados.

Mito 3: Se desperdician millones de dólares del erario público en investigación sobre salud trans.

Aunque la investigación sobre salud LGBTQ ha sido fundamental para identificar desigualdades en salud, históricamente ha recibido muy poco financiamiento por parte de los NIH. En 2012, solo se financiaron 61 estudios sobre salud LGBTQ. Entre 2012 y 2022, el financiamiento aumentó, alcanzando los 83.2 millones de dólares en 2022. Aun así, esto representó apenas el 0.1% del presupuesto total de los NIH ese año.

Sin embargo, Trump y su equipo aprovecharon este dato para difundir artículos con títulos como: “Sí, Biden gastó millones en experimentos con animales transgénero”. Ese artículo afirmaba erróneamente que se destinaron 8 millones de dólares para “convertir ratones en trans”. En realidad, se trataba de un estudio para entender el impacto a largo plazo de la terapia hormonal en los órganos y su relación con el cáncer de mama. Como es habitual en la medicina, muchas intervenciones — incluidas las vacunas — se prueban primero en animales. La administración Trump distorsiona estos estudios para tildarlos de “controvertidos” y así justificar sus recortes, sin base científica alguna. Su objetivo no es informar, sino usar etiquetas sensacionalistas y temas polémicos para socavar instituciones federales como los NIH y profundizar su ataque contra las personas trans.

Si realmente les preocupara el “gasto innecesario”, no destinarían fondos para estudiar el “arrepentimiento” tras cuidados de afirmación de género. Aunque alegan que hace falta más investigación para evaluar el impacto psicológico “negativo” de estos cuidados, estudios muestran que solo alrededor del 1% de las personas trans se “arrepienten” de haber hecho su transición —y muchas veces por querer mejores resultados quirúrgicos, lo cual, irónicamente, requeriría más investigación médica.

Mito 4: La investigación sobre salud trans no beneficia a la mayoría de la clase trabajadora.

Es fácil mirar las estadísticas que indican que las personas trans visibles son apenas el 1% de la población estadounidense y concluir que centrarse en esta “minoría” no ayuda al 99% restante. Pero, a diferencia de la ínfima minoría de multimillonarios que dominan este país, las experiencias de las personas trans reflejan mucho más las condiciones de vida de la clase trabajadora. Casi un tercio de las personas trans vive en la pobreza. Una de cada cuatro jóvenes trans está sin hogar o en riesgo de perder su vivienda. Y la investigación lo confirma una y otra vez: el estatus socioeconómico — es decir, la clase — es uno de los principales predictores del acceso a la salud. Estudiar cómo mejorar la salud de las personas trans no solo las beneficia a ellas, sino que abre caminos para mejorar el acceso a la salud de todas las personas.

Estudios sobre los efectos a largo plazo de la terapia hormonal, por ejemplo, ayudan a entender cómo funcionan las hormonas en todos los cuerpos. Algunas mujeres cisgénero (es decir, no trans) toman hormonas durante y después de la menopausia. Otras para prevenir la osteoporosis. Y al final, todas las personas tenemos hormonas que regulan funciones vitales en nuestro día a día.

También sabemos que la buena ciencia depende de la inclusión y la diversidad. Algunos de los mayores descubrimientos médicos han sido posibles gracias a la participación de comunidades históricamente marginadas. Por ejemplo, la inclusión de personas Negras en estudios sobre enfermedades cardíacas permitió descubrir una mutación genética que reduce el riesgo de cardiopatía, lo que llevó al desarrollo de mejores medicamentos para tratar la hipertensión, las enfermedades del corazón y el colesterol alto.

Mito 5: Las prohibiciones contra la salud trans y su investigación no perjudican a nadie.

Las prohibiciones van mucho más allá de frenar el avance científico. Forman parte de un asalto más amplio a los derechos democráticos de toda la clase trabajadora. El odio antitrans que impulsa los 851 proyectos de ley antitrans ya propuestos en lo que va de 2025, las múltiples órdenes ejecutivas emitidas por la administración Trump y las investigaciones federales en curso contra políticas escolares inclusivas como las del sistema de Escuelas Públicas de Chicago, son el mismo odio que justifica recortar fondos a la investigación sobre salud trans.

Un estudio reciente encontró que la legislación antitrans puede provocar un aumento de hasta 72% en los intentos de suicidio entre juventudes trans y no binarias. Los ataques impulsados por la administración Trump y su agenda multimillonaria no solo restringen el acceso a cuidados médicos vitales y avances científicos, sino que también agravan las desigualdades en salud mental y alimentan el miedo. La clase capitalista está dispuesta a dejar que la clase trabajadora y las comunidades oprimidas carguen con el costo de su reestructuración del Estado para su propio beneficio y ganancia privada.

Cada vez más científicas, científicos y profesoras en todo Estados Unidos están organizando movilizaciones en defensa de la ciencia. Lo que hace falta ahora es que esas movilizaciones se conviertan en parte de un movimiento más amplio de resistencia, uno que incluya la lucha contra el secuestro y detención de estudiantes inmigrantes solidarios con Palestina, contra el congelamiento de fondos universitarios por acampadas, y contra el asalto general a nuestros derechos democráticos mientras la clase multimillonaria intenta revertir cada conquista obtenida desde el New Deal y la Revolución por los Derechos Civiles. Tenemos todas las herramientas para avanzar en la medicina y garantizar salud para todas las personas. Solo hace falta luchar por ello.

Foto destacada: Miles marchan en una reciente acción para exigir derechos y liberación trans. Foto de Liberation News

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