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Las fuerzas respaldadas por el imperialismo son la mayor amenaza para la paz y la estabilidad de Malí

El 25 de abril, se lanzó una ola coordinada de ataques terroristas en múltiples localidades de Malí, incluida la capital, Bamako. La ciudad guarnición de Kati —cerca de la capital—, Gao y Kidal en el norte y Sévaré y Mopti en el centro de Malí fueron atacadas junto con Bamako. Los ataques fueron perpetrados por el Frente de Liberación de Azawad (FLA), un grupo armado separatista liderado por tuaregs, y por militantes yihadistas vinculados a al-Qaeda de Jama’at Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (JNIM). Los ataques sin precedentes en todo Malí fueron los primeros en meses recientes y marcaron una clara escalada.

El asalto del FLA y JNIM continuó hasta el domingo. Atacaron a civiles e infraestructura clave, incluidas bases militares, aeropuertos y otros sitios estratégicos. Ese día, el gobierno maliense confirmó que el ministro de Defensa, general Sadio Camara, murió en el ataque conjunto del FLA y JNIM dentro de la ciudad de Kati. Malí declaró dos días de duelo nacional a partir del lunes 27 de abril.

En un comunicado compartido por la Alianza de Estados del Sahel (AES), la confederación condenó los ataques como “bárbaros e inhumanos” y describió las agresiones como estratégicamente planificadas por el FLA y JNIM. El presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, afirmó que los ataques formaban parte de una agenda de desestabilización más amplia para socavar la lucha de liberación en el Sahel. Aunque muchos países y bloques organizacionales han emitido declaraciones condenando los ataques, resulta notable que muchos países occidentales hayan guardado silencio en gran medida, incluido Estados Unidos.

El presidente de Malí, Assimi Goïta, se dirigió a la República de Malí el miércoles 29 de abril. El discurso público y las declaraciones oficiales publicadas por la presidencia maliense afirmaron que la situación estaba bajo control, señalando que “los atacantes sufrieron grandes pérdidas humanas y materiales antes de verse obligados a retirarse, gracias a la capacidad de respuesta, la determinación y el profesionalismo de las fuerzas de defensa y seguridad”. Además, Goïta declaró: “Este es el momento de reafirmar la firme voluntad de Malí de mantener su rumbo de refundación. Nuestro pueblo ha tomado una decisión: la de la soberanía y la dignidad, que simboliza tomar el control de su propio destino”.

Malí llora la caída del ministro de Defensa

El ministro de Defensa, general Sadio Camara, cayó en combate durante los ataques del 25 de abril en la ciudad guarnición de Kati. La ciudad se encuentra a apenas unas 10 millas de la capital, Bamako, donde también atacaron los militantes. Camara fue herido de muerte después de que un atacante suicida condujera un automóvil cargado de explosivos contra su residencia, matando e hiriendo a varias personas más y destruyendo una mezquita vecina.

El general Camara era una figura clave del gobierno popular. Formó parte del núcleo de oficiales que derrocó al régimen de Ibrahim Boubacar Keita, un gobierno respaldado por Francia que supervisó una mayor presencia militar francesa entre 2013 y 2020, lo que dio lugar a protestas masivas contra su gobierno. Bajo el gobierno de Goïta, Camara, como ministro de Defensa, desempeñó un papel crucial en liderar la ofensiva para expulsar a las tropas francesas de Malí en 2022. Esta expulsión consolidó aún más el apoyo popular al gobierno militar de Goïta. Goïta ha asumido el cargo de ministro de Defensa en lugar del fallecido Camara.

El papel de la cobertura mediática occidental en los ataques

Desde el inicio de los ataques, los medios de noticias occidentales han afirmado que el FLA y JNIM superaron al ejército maliense (FAMA), capturando ciudades clave como Kidal en el norte. Además, medios como la BBC, en la confusión inicial de los ataques, informaron desde el terreno mediante comunicación con el FLA. Gran parte de la cobertura de los medios occidentales ha enfatizado la capacidad de combate del FLA y JNIM mientras demoniza el papel de la fuerza de seguridad rusa, Africa Corps —antes Wagner—, como los principales actores respaldados por Malí sobre el terreno. La cobertura se centra en la retirada de Africa Corps y en el éxito superficial de los ataques conjuntos de yihadistas y separatistas, que podrían “acelerar un colapso de seguridad en todo el Sahel”.

Otros medios, como Al Jazeera, están cubriendo los acontecimientos como una disputa orgánica de poder entre una “coalición de grupos armados y rebeldes” que desafía la autoridad del gobierno militar maliense. Además, los titulares recientes de los medios occidentales siguen afirmando que “Bamako está bajo asedio”, revelando una noción sostenida desde hace tiempo de que la AES —y la confederación que conforma el bloque— carecen de “profundidad funcional” y “corren el riesgo de ser vistas no como una solución de seguridad, sino como parte del problema”. Sin embargo, lo que varixs analistas han señalado es el objetivo final declarado por el FLA y JNIM: llevar a cabo la refundación de Malí. En otras palabras, una ofensiva miliciana dirigida a decapitar el liderazgo maliense mientras intenta crear malestar popular para derrocar al gobierno que cuenta con apoyo popular.

Desde la formación de la AES hace casi tres años, la CEDEAO prooccidental, junto con Francia y Estados Unidos, se ha mostrado escéptica ante su propósito fundacional: enfrentar la inestabilidad regional mediante coordinación en materia de seguridad, economía y política. Es importante recordar que la CEDEAO, con apoyo de Occidente, amenazó con invadir Níger después de imponer sanciones que restringieron el acceso a suministros médicos necesarios. Los medios occidentales, en particular, han dado la voz de alarma sobre la creciente influencia de Rusia y China en África. En apenas unos años, el bloque regional inició alianzas económicas, tecnológicas y políticas con Rusia. La AES también estableció cooperación mutuamente beneficiosa con China mediante inversiones en infraestructura y proyectos de intercambio de recursos. El “escepticismo” de Occidente surge de su pérdida de influencia en el continente. En lugar de condenar plenamente los ataques terroristas conjuntos, los medios se han asegurado de señalar las alianzas no occidentales como la razón de la “debilidad” en la respuesta de FAMA y Africa Corps.

En gran medida ausente de los informes está el papel de FAMA y del pueblo maliense en las localidades afectadas que han resistido y se han movilizado en defensa del actual proyecto maliense de soberanía. Les malienses se han reunido para llorar a las víctimas de los ataques, mientras que algunos videos que circulan en línea muestran a residentes de Kati expulsando a un terrorista armado y neutralizándolo de manera efectiva. El pueblo de Malí está enviando un mensaje claro: elige vivir con dignidad y no vivir con terror.

Estados Unidos y sus aliados de Europa occidental son responsables de la crisis de seguridad en el Sahel

La expansión de los grupos de milicias yihadistas que se extendieron por todo el Sahel fue resultado directo de la guerra de Estados Unidos y la OTAN en Libia, rica en petróleo. Los miembros de la OTAN Francia y Gran Bretaña, junto con Estados Unidos —a través de AFRICOM—, impulsaron la destrucción total del Estado libio en 2011. Esta intervención tuvo repercusiones peligrosas para África y es un factor clave en las campañas de desestabilización y la proliferación de armas en el Sahel. Medios tradicionales como The Guardian no pudieron negar el alto nivel de vida alcanzado bajo Muammar Gaddafi. Sin embargo, Occidente dejó a Libia sumida en una guerra civil constante, con el regreso de mercados abiertos de esclavitud, un mosaico de milicias armadas que aterrorizan a civiles, desplazamiento interno generalizado y migración masiva.

Cuando el gobierno de Assimi Goïta llegó al poder tras un golpe de Estado con apoyo popular en 2021, pidió de inmediato el fin de la Operación Barkhane de Francia, que llevaba casi una década, después de que el expresidente Ibrahim Boubacar Keita solicitara la asistencia de tropas francesas en 2013 para combatir la creciente crisis regional de militantes islamistas vinculados a al-Qaeda provenientes de países como Libia. Esta operación se conoció inicialmente como Operación Serval, que comenzó en el norte de Malí. La operación de Francia expandió su huella colonial por todo el Sahel, añadiendo dos bases permanentes adicionales en Niamey, Níger, y Yamena, Chad.

Lo que se convirtió en una operación de nueve años terminó fracasando. La Operación Barkhane fue la operación militar francesa más larga y costosa desde la Segunda Guerra Mundial. Los costos totales entre 2014 y 2022 se aproximan a 1,000 millones de euros al año. Numerosos informes denunciaron ataques aéreos franceses que mataron a civiles malienses. Un informe de investigación de la ONU de 2021 destacó el bombardeo de una celebración de boda maliense por parte de tropas francesas, que mató al menos a 22 civiles. Los grupos terroristas se expandieron más profundamente en Malí mientras las condiciones económicas seguían deteriorándose para el pueblo maliense.

Tras la expulsión de las tropas francesas por parte de la AES entre 2021 y 2023, Senegal, Chad y Costa de Marfil anunciaron la salida de tropas francesas en 2025.

La lucha de Malí por la paz

El gobierno maliense y su pueblo ya han dejado claro que la estabilidad y la seguridad son prioridades estratégicas en el proyecto de soberanía. Como se afirmó en movilizaciones y declaraciones oficiales, la paz para el Sahel se logrará en los términos establecidos por los gobiernos de la AES que cuentan con apoyo popular y por los millones de personas dentro de sus respectivos países. Los medios occidentales, junto con las milicias yihadistas y separatistas, pensaron que la República de Malí caería en cuestión de días tras los ataques coordinados por sorpresa.

Más de una semana después de los ataques iniciales, Malí sigue avanzando con proyectos de desarrollo. FAMA y Africa Corps continúan combatiendo a los grupos terroristas con apoyo nacional, regional e internacional, como se ha visto en las movilizaciones masivas en toda Francia en defensa del proyecto soberano de Malí.

Imagen destacada: El general Assimi Goïta, jefe de Estado, presidió el jueves 30 de abril de 2026 la ceremonia de honores fúnebres nacionales del fallecido general de Ejército Sadio Camara, exministro de Estado, ministro de Defensa y Asuntos de Veteranos.

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