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El liderazgo de las mujeres en los sindicatos de educadores impulsa el resurgimiento del movimiento obrero

Se está produciendo un resurgimiento en el movimiento obrero de Estados Unidos, y las educadoras están al frente. La profesión ha sido desvalorizada debido a la feminización de la fuerza laboral en la educación: el 80% del personal docente en Estados Unidos son mujeres. En comparación con otras profesiones que exigen el mismo nivel de formación, las y los educadores reciben salarios inferiores, a menudo por más de un 20%. Bajo el capitalismo estadounidense, se presenta a las maestras y maestros como personas que ejercen su profesión por altruismo o por “amor a la niñez”.

Una huelga de educadores trastoca esa narrativa. La maestra deja de ser una figura sufrida y resignada: ahora exige dignidad y una remuneración justa por el trabajo que realiza. La idea de que las mujeres no van a aceptar menos de lo que merecen por amor a sus estudiantes es profundamente amenazante para el sistema capitalista. Peor aún, este rechazo al martirio se vuelve visible para estudiantes y miembros de la comunidad, enviando el mensaje a toda la clase trabajadora de que vale más de lo que le han dicho. Una huelga que paraliza las escuelas obliga a quienes detentan el poder a enfrentarse a una clase trabajadora unida.

Desde los virajes reaccionarios de la era Reagan, gran parte de la disposición combativa a la huelga se había debilitado en los sindicatos de Estados Unidos. Pero ese ya no es el caso en los sindicatos de educadores a lo largo del país. Solo en los últimos tres meses, cinco secciones locales de educadores en California han abandonado sus puestos de trabajo. En los últimos 15 años, educadores desde Chicago hasta Virginia Occidental y Los Ángeles le han devuelto vida al movimiento obrero, demostrando que las y los trabajadores todavía pueden conquistar grandes victorias cuando luchan unidos.

Virginia Occidental, tierra de los sindicatos de mineros del carbón y de trabajadores del acero, solía estar a la vanguardia de la lucha por los derechos laborales. Sin embargo, en las últimas décadas, la población de Virginia Occidental, al igual que gran parte de Apalache, ha padecido las brutales condiciones impuestas por las fuerzas extractivas del capitalismo. La huelga magisterial de 2018 rompió de forma espectacular con esa desesperanza. Las y los trabajadores escolares de Virginia Occidental abandonaron sus puestos – de manera ilegal, dado el estatus de “derecho al trabajo” de su estado – no solo en una ciudad o en un distrito escolar, sino en todo el estado. Sus demandas reflejaban las de las y los educadores de hoy: atención médica, salarios dignos y escuelas con personal completo. Obligaron al gobernador multimillonario Jim Justice a aprobar aumentos salariales del 5% no solo para el personal docente, sino para todos los trabajadores estatales: una concesión casi increíble por parte de un capitalista que había dicho que no había absolutamente suficiente dinero para atender las demandas de las y los maestros.

Renovada combatividad docente en el estado más poblado

A continuación vino una electrizante ola de huelgas de educadores en todo el país. Ese mismo año, también se fueron a la huelga docentes de Oklahoma y Arizona. En 2019, las y los maestros de Denver pararon labores, al igual que el Sindicato de Maestros de Chicago (Chicago Teachers Union, CTU), que ya era una fuerza formidable por derecho propio y conquistó una gran victoria. El sindicato United Teachers of Los Angeles (UTLA), el segundo sindicato de educadores más grande del país, también fue a la huelga en 2019. Esa victoria, impulsada por decenas de miles de miembros de la comunidad en las calles de Los Ángeles, encendió una renovada combatividad entre las y los educadores de California.

En California, bajo el gobierno demócrata de ese momento, el movimiento obrero rara vez se atrevía a adoptar una posición tan confrontativa; después de todo, ¿no teníamos suerte de vivir en un estado que reconocía nuestro derecho a la negociación colectiva? ¿No debíamos sentirnos agradecidos de que nuestros propios políticos multimillonarios al menos rindieran homenaje verbal a los derechos laborales? La huelga de Los Ángeles puso esas contradicciones en evidencia: las condiciones de las y los trabajadores, incluso en el corazón de un bastión del Partido Demócrata, eran en muchos sentidos no mejores que las de los estados derechistas con leyes de “derecho al trabajo”. Las y los docentes de Los Ángeles enfrentaban no solo salarios insultantemente bajos y aulas superpobladas, sino también una agresiva ola de privatización mediante escuelas chárter. Su determinación de exigir mejores condiciones para sí mismos y para sus estudiantes transformó lo que los educadores de California creían posible. Si Los Ángeles podía hacerlo, ¿por qué no el resto?

La idea de una campaña estatal de educadores estuvo madurando durante años en California antes de lanzarse oficialmente en 2025 bajo la consigna “We Can’t Wait”. Originalmente compuesta por 12 secciones locales de la Asociación de Maestros de California (California Teachers Association, CTA), y luego ampliada hasta 32 secciones locales distintas, la campaña We Can’t Wait ha capturado la imaginación de las y los trabajadores en todo el estado. La campaña denuncia el crónico subfinanciamiento de la educación pública en California y, en vez de esquivar la táctica de la huelga, la nombra con precisión como la herramienta más poderosa de la que dispone la clase trabajadora y una que debe utilizarse cuando los patrones crean condiciones insoportables. En San Francisco, los dirigentes del sindicato Educadores Unidos de San Francisco (United Educators of San Francisco, UESF) sabían que preparar una huelga exitosa requeriría años de transformación organizativa, construyendo no solo las capacidades de la membresía y las estructuras en cada centro de trabajo, sino también la fortaleza y la orientación política necesarias para que la membresía creyera que podía triunfar.

Los sindicatos dirigidos por mujeres encabezan la contraofensiva de la clase trabajadora

Las mujeres y las personas LGBTQ ocupan una posición singular dentro de la fuerza laboral debido a la forma en que se manifiesta el patriarcado bajo el capitalismo. Durante la mayor parte de la era capitalista, las mujeres han predominado en trabajos de cuidado estrechamente vinculados al trabajo reproductivo, como la enfermería, el cuidado de personas mayores, el cuidado infantil y la hostelería. Esta realidad ha contribuido al enorme desequilibrio de género en la educación.

Lo que estamos viendo ahora, a través de esta ola de revitalización del movimiento obrero de educadores, es que ese desequilibrio de género puede convertirse en una fortaleza. El poder de nuestra posición como educadoras dentro de nuestras comunidades es imposible de ignorar. La resiliencia de las trabajadoras, acostumbradas a combatir no solo la opresión económica del patrón, sino también la opresión social y sexual de la sociedad, nos prepara para la lucha que tenemos por delante. La sabiduría de las mujeres que comprenden que la opresión económica está intrínsecamente ligada a todas las demás formas de opresión nos sitúa en una posición desde la cual podemos dirigir con visión, y no solo desde la rabia reactiva.

Así como las y los educadores de Virginia Occidental revitalizaron el movimiento obrero en su estado y más allá en 2018, hoy los sindicatos de educadores de todo el país están descubriendo su fuerza y revitalizando el movimiento obrero a escala nacional. Cada victoria contractual, cada huelga y cada acción colectiva emprendida por las y los trabajadores representa una forma amplia de liderazgo de clase que impulsa la lucha de clases en todas partes.

Encabezada en gran medida por mujeres dentro de una fuerza laboral feminizada, la ola de campañas contractuales y huelgas sindicales de educadores que conforman la campaña We Can’t Wait está conquistando avances materiales para educadores, estudiantes y comunidades en California.

El Sindicato de Maestros de Chicago (Chicago Teachers Union, CTU), actualmente dirigido por Stacey Davis Gates, es una potencia en el escenario laboral local y nacional. Su huelga de 2012, precursora de la ola de huelgas que vendría después, enfrentó los temas de los salarios y la privatización, y sentó las bases para su demanda de 2015 de un piso salarial de 15 dólares por hora para todo el personal escolar, incluyendo a quienes no pertenecían a su propia membresía. En 2019, el sindicato volvió a declararse en huelga y conquistó la presencia de una enfermera y una trabajadora social en cada escuela, servicios para estudiantes sin vivienda, límites al tamaño de las clases, una moratoria a las escuelas chárter, avances en educación bilingüe y protecciones para estudiantes indocumentados.

Ahora, en 2026, el CTU desempeña un papel crucial en la lucha de la clase trabajadora de Chicago contra ICE, con mujeres dirigentes participando en redes de respuesta rápida y exigiendo el cese inmediato de las operaciones de ICE. En marzo, la Cámara de Delegados del CTU aprobó una resolución que busca el pleno respaldo del alcalde y de la junta de educación para declarar el 1 de mayo como un “Día de Acción Cívica”, llamando a una jornada nacional de “No Work, No School, and No Shopping” en un esfuerzo por “defender nuestra democracia, exigir que ICE salga de nuestras ciudades, y gravar a los ricos para apoyar nuestras escuelas y servicios vitales”.

De manera similar, la Federación de Educadores de Minneapolis (Minneapolis Federation of Educators, MFE) se fue a la huelga en 2022 y ganó demandas de bienes comunes, como duplicar el número de enfermeras y orientadores en las escuelas primarias, así como la exigencia de contar con una trabajadora social en cada edificio. En 2026, cuando el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (United States Department of Homeland Security, DHS) irrumpió en Minneapolis y agentes de ICE aterrorizaron a comunidades de clase trabajadora, la MFE desempeñó un papel clave en la resistencia, y la presidenta de la MFE, Marcia Howard, fue una de las primeras dirigentes sindicales en llamar a una movilización masiva y a una jornada de acción el 23 de enero en Minneapolis, declarando:

“El poder no concede nada sin una exigencia. No estamos pidiendo, estamos exigiendo… Estas son nuestras calles. Las vamos a recuperar una por una… La Federación de Educadores de Minneapolis se está uniendo con otros sindicalistas, otras organizaciones laborales y organizaciones de barrio para exigir que ICE salga de todas las instituciones públicas”.

Una vez que otros sindicatos, grupos comunitarios y organizaciones políticas se sumaron al llamado, Minneapolis celebró la primera huelga general de toda una ciudad en Estados Unidos en casi 80 años, con más de 100,000 personas en las calles del centro de Minneapolis. Ese día la temperatura llegó a -20 °F, con una sensación térmica cercana a -40 °F, pero una encuesta realizada por Blue Rose Research encontró que el 23% de la población de Minnesota participó de alguna forma en la jornada de acción.

Otros sindicatos dirigidos por mujeres en el resurgimiento de la combatividad obrera

Y esta contraofensiva no se limita a las y los educadores. Otras fuerzas laborales históricamente feminizadas, entre ellas las enfermeras, las trabajadoras domésticas, las azafatas y otras más, también están demostrando un amplio liderazgo de clase. Cerca de 15,000 integrantes de la Asociación de Enfermeras del Estado de Nueva York (New York State Nurses Association, NYSNA) fueron recientemente a la huelga durante 41 días, logrando nuevos contratos de tres años con mejores y exigibles proporciones de personal seguro, mejores salarios y mayores medidas de seguridad en el lugar de trabajo, incluidas protecciones para pacientes y enfermeras inmigrantes. Estas victorias contractuales representan triunfos para las y los trabajadores, pero también para las y los pacientes y para la clase trabajadora en un sentido más amplio.

Sara Nelson, presidenta internacional de la Asociación de Auxiliares de Vuelo – CWA (Association of Flight Attendants-CWA, AFA-CWA), ha emergido como una dirigente de la clase trabajadora al declarar que la respuesta al régimen de Trump debe incluir “construir una nueva economía, construir un nuevo conjunto de principios… desde abajo” porque “durante demasiado tiempo todo ha girado en torno a la élite… los Rockefeller y los Mellon, y ahora Musk y Bezos, creyendo que ellos son quienes crean los empleos… Si cada trabajador en Estados Unidos simplemente se detuviera y dejara de trabajar, los capitalistas cederían ante todas y cada una de las demandas”.

Al organizar sus centros de trabajo y exigir mejores condiciones para sí mismas y para sus estudiantes, estas luchas dirigidas por mujeres están demostrando un amplio liderazgo de clase que sin duda inspirará a trabajadoras y trabajadores a nivel nacional.

Imagen destacada: integrantes de Educadores Unidos de San Francisco en huelga. Foto de Liberation.

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