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Hoy, hace 20 años, cientos de miles de personas marcharon por los derechos de los inmigrantes frente a la huelga general del Primero de mayo: ‘Un día sin inmigrantes’

El 10 de abril de 2006, millones de inmigrantes y ciudadanos estadounidenses tomaron las calles en todo el país en una de las jornadas de protesta más grandes de la historia moderna.

Desde Los Ángeles hasta Chicago y Nueva York, trabajadores y trabajadoras, familias, estudiantes y comunidades enteras marcharon por la dignidad y en contra de la criminalización de los inmigrantes. Las manifestaciones formaban parte del movimiento masivo que estalló en respuesta al proyecto de ley Sensenbrenner (H.R. 4437), que habría convertido en delincuentes a los inmigrantes indocumentados e incluso a quienes los ayudaran. En lugar de aceptar tal medida draconiana, millones se organizaron, marcharon y le mostraron al país el poder colectivo de las comunidades inmigrantes.

Las protestas del 10 de abril desembocaron en la histórica huelga general el ‘Día sin inmigrantes’ que se celebró el Primero de mayo: el Día internacional de los trabajadores.

Ese día, a lo largo y ancho del país, millones de trabajadores y trabajadoras dejaron sus puestos de trabajo, miles de estudiantes salieron de sus aulas y numerosos comercios cerraron sus puertas para demostrarle a la clase dominante que la economía estadounidense funciona gracias a la mano de obra inmigrante. Los campos quedaron desiertos, la construcción se paralizó, los restaurantes cerraron y las escuelas se vaciaron. Así demostramos que si nos levantamos por nuestros derechos podemos paralizar la economía entera.

En 2006, gracias a la poderosa intervención del pueblo, las manifestaciones masivas de abril y la huelga del Primero de mayo tuvieron un profundo impacto en la política del país,.

El movimiento derrotó algunos de los peores ataques legislativos de aquel momento y obligó al país a enfrentarse al poder de los trabajadores y las trabajadoras inmigrantes. La movilización masiva —marchas, paros, huelgas y boicots— redefinió lo que era políticamente posible.

Veinte años después, mientras Donald Trump intensifica los ataques contra los inmigrantes —deportaciones masivas, la expansión de centros de detención y la militarización de la frontera— debemos mirar esta historia para entender nuestra tarea.

La cuestión no es solo cómo defender a las comunidades inmigrantes, sino cómo organizar el tipo de participación masiva que hizo del 2006 un evento imposible de ignorar.

Este Primero de mayo, en el Día internacional de los trabajadores, una vez más, millones de personas participarán en una jornada de protesta masiva bajo la consigna: ‘nadie al trabajo, nadie a la escuela, nadie a las tiendas’. Hoy tenemos que demostrarle a Trump y a toda su administración de multimillonarios quién tiene realmente el poder: el pueblo.

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