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El discurso de Hegseth: más allá del espectáculo, una purga racista en las fuerzas armadas

El discurso del 30 de septiembre del secretario de Guerra Pete Hegseth ante oficiales generales y de bandera en Quantico, Virginia, es una señal de que las fuerzas armadas están a punto de someterse a una purga cultural e ideológica. Esta purga busca garantizar que el estamento militar sea cultural e ideológicamente “puro” y leal, ante todo, a la administración Trump, que pretende utilizar a los militares para librar una “guerra interna” en Estados Unidos.

Yo serví en el Ejército de Estados Unidos de 2008 a 2011 y sé —por experiencia propia y por la historia— que las fuerzas armadas de EE. UU. nunca han sido una institución progresista; han sido y serán siempre una institución que explota la pobreza para reclutar a la juventud de la clase trabajadora y que solo sirve los intereses de clase de la clase dominante. Las fuerzas armadas de EE. UU. son un instrumento de opresión en todo el mundo. A diferencia de los opinadores de los grandes medios, que operan con un análisis ahistórico de la sociedad, no debe sorprender que la clase dominante esté utilizando al ejército para atacar a un creciente movimiento popular en Estados Unidos.

Si bien las fuerzas armadas en sí son una herramienta de la clase dominante, sus integrantes son profundamente diversos. Dado el carácter y la misión proclase dominante del ejército, la lucha en su interior contra la segregación racista, la misoginia y la transfobia y homofobia ha creado una contradicción que Hegseth está intentando “resolver” al depurar a personas negras, mujeres, personas trans y a quienes “no cumplan los estándares de aptitud física”.

Una guerra cultural bajo el argumento de hacer al ejército más “letal”

Hegseth, quien se autodenomina “American Crusader” (Cruzado estadounidense), escribió un libro titulado American Crusade (Cruzada estadounidense). Su discurso del 30 de septiembre suena como un apéndice de ese libro. Dijo: “Este discurso de hoy es sobre la gente y sobre la cultura. El tema de hoy es sobre nuestra propia naturaleza, porque ningún plan, ningún programa, ninguna reforma, ninguna formación, tendrá éxito si no contamos con la gente adecuada y la cultura adecuada en el Departamento de Guerra [War Department]”. Repitió además que “el personal es la política”.

¿Qué quiere decir? Que pretende purgar a personas negras, mujeres y a quienes no le son leales al Departamento de Guerra. Cuando habla de no más barbas o “barbuchos”, en realidad está diciendo que quiere expulsar a hombres negros, quienes se ven afectados de manera desproporcionada por una afección cutánea que provoca dolorosas protuberancias tras el afeitado y que dio lugar a exenciones frente a reglamentos estrictos que requieren que los soldados se afeiten.

Cuando dice que quiere “reformar” la Oficina del Inspector General, la ley de Igualdad de Oportunidades, la de Igualdad de Oportunidades en el Ámbito Militar y terminar con lo que caracteriza como retórica políticamente correcta, lo que realmente plantea es proteger a los agresores sexuales y empujar a las mujeres fuera del ejército.

Que Hegseth quiera proteger a depredadores y “hombres tóxicos” no debería sorprender, ya que él mismo ha sido acusado de agresión sexual. Además, cuando se lamenta de ver “generales gordos” por los pasillos del Pentágono, lo que hace es reivindicar la vieja tradición de la ultraderecha de “forjar un hombre nuevo”. Según Hegseth, el nuevo Departamento de Guerra requiere la “cultura adecuada” y el “tipo de hombre adecuado” y, si “el personal es la política”, de su discurso se desprende que esa cultura y ese hombre “adecuados” son de ultraderecha, cristianos, heterosexuales, cisgénero y blancos.

Impunidad para cometer crímenes de guerra

Como parte de su purga, Hegseth habló repetidamente de “letalidad”. Afirmó: “Tampoco nos preocupamos con reglas de enfrentamiento tontas. Le soltamos las manos a nuestros combatientes para intimidar, desmoralizar, cazar y matar a los enemigos de nuestro país. No más reglas de enfrentamiento políticamente correctas y asfixiantes, solo sentido común, máxima letalidad y autoridad para los combatientes”. El ejército estadounidense siempre ha atacado y asesinado civiles de manera indiscriminada; Hegseth está anunciando que ya ni siquiera intentarán fingir que les importan el derecho internacional y la protección de la población civil.

Como parte de la agenda de los multimillonarios para reconfigurar las fuerzas armadas, Hegseth ha sido encargado de construir un ejército de cruzados: de hombres de ultraderecha. Pero eso no significa que la clase trabajadora deba quedarse de brazos cruzados. A lo largo de la historia de la lucha de clases, el estamento militar ha sido un terreno de disputa; recientemente, ante el uso de Marines y de la Guardia Nacional para ocupar ciudades estadounidenses, muchos veteranos han llamado a la tropa activa y a la Guardia Nacional a negarse a desplegarse para ocupar nuestras ciudades.

Si bien el ejército siempre ha servido los intereses imperiales y de clase de la clase dominante, también ha sido un espacio de lucha de clases. Desde los soldados negros de la Unión aplastando a la Confederación hasta el personal en activo y veteranos organizándose contra guerras imperialistas de agresión, no debería sorprender que hoy el ejército siga siendo un terreno de disputa.

Mientras Hegseth ataca la diversidad dentro de las fuerzas armadas, la respuesta a la agenda de los multimillonarios —que busca transformar la forma de gobierno de Estados Unidos en una dictadura política de ultraderecha— es la lucha organizada de la clase trabajadora multinacional y diversa en términos de género.

Como veterano de la guerra de Irak y orgulloso “barbucho”, he vivido cómo la organización de la clase trabajadora puede transformar incluso al patriota más fervoroso en un antifascista y antiimperialista comprometido. El creciente movimiento popular en Estados Unidos debe seguir tejiendo solidaridad con los sectores de la clase trabajadora a los que Hegseth está apuntando. A medida que la ultraderecha intenta depurar al ejército para crear el ejército de cruzados de Hegseth, es imperativo que el movimiento popular en ascenso se organice —tanto fuera como dentro de las fuerzas armadas— para resistir.

Imagen destacada de Gage Skidmore, CC BY-SA 2.0.

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