El 29 de agosto se cumplieron 20 años desde que el huracán Katrina tocó tierra en la Costa del Golfo, convirtiéndose en uno de los huracanes más destructivos de la historia de Estados Unidos. El devastador saldo que dejó en la ciudad mayoritariamente negra y de clase trabajadora de Nueva Orleans pasará a la historia como uno de los peores desastres capitalistas de la memoria reciente.
Más de 1.300 personas murieron en Nueva Orleans y más de 200.000 fueron desplazadas. Por severo que haya sido, el huracán Katrina no fue, ante todo, un desastre natural. Fue un desastre brutal y provocado por decisiones humanas, facilitado por el sistema capitalista que desfinanció la infraestructura pública necesaria para proteger la ciudad y que luego remató con desidia avalada por el Estado. El Estado capitalista sacrificó deliberadamente a la gente pobre y negra de la ciudad en los altares de la ganancia corporativa.
Lo que habría sido un evento meteorológico severo por sí solo se volvió catastrófico cuando el impulso de la marejada rompió los diques que protegían la ciudad, dejando más del 80 % de Nueva Orleans bajo el agua. Los diques tenían fallas de diseño conocidas y no estaban debidamente mantenidos. En zonas duramente golpeadas, como la histórica comunidad negra del Lower Ninth Ward, las aguas alcanzaron profundidades de hasta 15 pies (unos 4,5 metros), dejando a residentes atrapados en sus áticos a la espera de rescate durante días.
Shaundreca Carter, oriunda del Lower Ninth Ward, vivió en carne propia el horror. Recuerda haber oído un “gran estruendo”, que muchas personas atribuyen a la ruptura de los diques. Al principio evacuó, pero regresó al Lower Ninth por temor a que sus vecinas y vecinos perdieran la vida.
La casa de su abuela estaba a 15 cuadras del dique. “Entramos en modo supervivencia”, dijo Carter. “Pensábamos irnos por una semana, pero me di cuenta de que no habría casa a la cual volver”. Recuerda haber encontrado cadáveres en las aguas y usar una llanta para nadar y rescatar gente. Se le estaban acabando los suministros para su familia. Tras tomar jabón y pañales de una Walgreens para sus hijas e hijos, la policía la tiró al suelo y la amenazó con matarla por “saqueo”.
La ciudad no brindó transporte de evacuación a quienes no tenían carro
Pese a las advertencias sobre la gravedad de la tormenta, Nueva Orleans estaba escandalosamente mal preparada. Menos de un día antes de que Katrina tocara tierra, la ciudad emitió por primera vez una orden de evacuación obligatoria, pero no ofreció transporte para el cuarto de la población que no tenía carro. Se estima que entre 100.000 y 150.000 personas se resguardaron como pudieron, ya fuera en sus casas o en los pocos refugios de la ciudad.
Miles de personas se congregaron en el Superdomo y en el Centro de Convenciones, donde quedaron abandonadas a su suerte en condiciones sórdidas y deshumanizantes bajo la vigilancia de guardias armados. Las y los varados hablan por sí mismos y muestran las condiciones que se vieron obligados a soportar en el documental de Spike Lee “When The Levees Broke: A Requiem in Four Acts”.
Cuando se rompieron los diques en Nueva Orleans, el Estado capitalista no solo fracasó – reveló su verdadero carácter. Desde la desidia criminal del gobierno de George W. Bush hasta las agencias locales desprevenidas, el gobierno dejó morir a residentes negros y de la clase trabajadora. Mientras la gente se ahogaba en sus casas y moría de deshidratación, la Guardia Nacional fue desplegada no para salvar vidas, sino para proteger la propiedad: para disparar y matar a supuestos “saqueadores” que buscaban desesperadamente comida y agua. La policía asesinó a dos civiles inocentes en el puente Danziger, tratando a sobrevivientes como si fueran enemigos combatientes en su propia ciudad anegada, mientras los medios racistas demonizaban a las víctimas para justificar la violencia policial que vino después.
Diques mal construidos responsables de la devastadora inundación
Al construir los diques, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (United States Army Corps of Engineers, USACE) priorizó el recorte de costos por encima de un diseño estructural eficaz. El propio USACE terminó por admitir que las fallas de diseño en los diques causaron la mayor parte de las inundaciones en Nueva Orleans. A la hora de reconstruir, el llamado programa “Road Home” canalizó miles de millones a contratistas privados mientras perjudicaba sistemáticamente a las y los propietarios negros, perpetuando su desplazamiento y el robo de su patrimonio.
Las labores iniciales de socorro fueron groseramente insuficientes. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency, FEMA), y los gobiernos estatal y local no estaban preparados y, en muchos momentos, tampoco dispuestos a ayudar. El presidente Bush, infamemente, ignoró durante dos días completos la solicitud de fondos federales.
Guardia Nacional para proteger la propiedad, no para rescatar a la gente
Miles de efectivos de la Guardia Nacional y tropas federales fueron enviados a la ciudad. En lugar de proteger a la población en crisis, protegieron la propiedad y dispararon contra “saqueadores”. La entonces gobernadora Kathleen Blanco afirmó: “Estas tropas saben cómo disparar y matar y están más que dispuestas a hacerlo si es necesario, y yo espero que así sea”.
Los grandes medios, sin pudor, sostuvieron esta narrativa racista, retratando a las y los habitantes negros de Nueva Orleans como criminales violentos, a la vez que daban cobertura a agentes federales y policías que cometieron el crimen mayor: actos de abandono y violencia contra un pueblo en crisis.
Malik Rahim, Pantera Negra y fundador de la destacada organización de ayuda pos-Katrina Common Ground Relief, reflexionó sobre los traumas de la tormenta que siguen reverberando cada temporada de huracanes: “Si se emite una orden de evacuación, si no tienes dinero ni un lugar adonde ir, ¿qué vas a hacer? ¿Correr de vuelta al Superdomo o al Centro de Convenciones, sabiendo los horrores que ya ocurrieron allí?”
Nueva Orleans se convierte en emblema de la “economía del desastre”
Un año después de Katrina, la mitad de la población de la ciudad seguía desplazada. Los intereses capitalistas aprovecharon la supuesta “pizarra en blanco” que dejó la tormenta para enriquecerse. Este saqueo de los servicios públicos convirtió a Nueva Orleans en emblema de lo que la escritora Naomi Klein bautizó como “capitalismo del desastre” en su libro Shock Doctrine. El libro explica cómo las élites usan las crisis para imponer políticas que las benefician — a menudo bajo el disfraz de “recuperación comunitaria” — mientras la comunidad afectada permanece paralizada en modo supervivencia.
Las y los capitalistas utilizaron la catástrofe de Katrina como pretexto para desmantelar de manera sistémica los servicios sociales y públicos de los que dependía la clase trabajadora de Nueva Orleans.
Vivienda pública demolida y no reemplazada
Una de las primeras y más controvertidas iniciativas de este nuevo esquema de privatización fue el desmantelamiento de la vivienda pública. Los famosos “Cuatro Grandes” conjuntos de vivienda pública — Calliope, Magnolia, Lafitte y St. Bernard, además de los complejos St. Thomas e Iberville — alojaban más de 7.000 unidades. Aunque afectados por la pobreza y con sus propios problemas, estos proyectos eran un pilar crucial de la clase trabajadora negra de la ciudad y tenían un estatus cultural icónico. La vivienda pública ofrecía alquiler estable y asequible a residentes de bajos ingresos y les otorgaba muchos derechos y protecciones.
El desplazamiento masivo de la clase trabajadora coincidió con el apetito de los desarrolladores por obtener ganancias. Presionaron para convertir la vivienda pública en vivienda de “ingresos mixtos”. En 2007, el Concejo Municipal de Nueva Orleans votó por unanimidad derribar los “Cuatro Grandes” bajo el disfraz de una “estrategia de renovación urbana”, a pesar de que los edificios eran estructuralmente sólidos y en su mayoría no habían sido alcanzados por las aguas de Katrina.
Estallaron grandes protestas. Manifestantes se enfrentaron con la policía e incluso se encadenaron a las unidades. Sin embargo, a la larga, los desarrolladores se salieron con la suya, y el amplio parque de vivienda pública de la ciudad fue reemplazado por desarrollos de ingresos mixtos con un número significativamente menor de unidades. Donde la Autoridad de Vivienda de Nueva Orleans administraba 7.000 unidades, ahora hay 450. Muchas de estas son unidades privadas elegibles para el programa Sección 8, que no ofrecen los mismos derechos ni protecciones para inquilinas e inquilinos que la vivienda pública.
Población negra expulsada de sus barrios
En los últimos veinte años, Nueva Orleans — antes un centro asequible de cultura negra de clase trabajadora — se ha transformado en una ciudad en rápida gentrificación con una grave crisis de asequibilidad. En 2004, el alquiler promedio de un apartamento de una habitación era de 662 dólares; hoy está entre 1,100 y 1,400.
Antes de Katrina, la mayoría gastaba menos del 30 % de sus ingresos en renta; hoy, alrededor del 40 % gasta más de la mitad. La crisis de asequibilidad, impulsada por la clase de los desarrolladores, se disparó en los años posteriores a la tormenta, y la gentrificación expulsó a muchas y muchos residentes negros de larga data de sus barrios, encareciendo la vivienda para la clase trabajadora de la ciudad. Rahim llama a los desarrolladores “buitres del desastre” y señala: “Se apropian de la propiedad de la gente y se la entregan a organizaciones para que construyan jardines en propiedades ajenas que fueron robadas”.
Escuelas públicas sustituidas por un sistema privatizado de “charter schools”
Los mismos oportunistas aprovecharon la parálisis posterior al desastre para reformar de arriba abajo el sistema escolar público de Nueva Orleans. El sistema público basado en vecindarios fue reemplazado por un sistema totalmente “charter”, en el que las escuelas son gestionadas por organizaciones administradoras de “charter schools” sin vínculos con la comunidad local.
A más de 7.000 maestras y maestros de escuelas públicas — en su mayoría mujeres negras — se les despidió en masa, desmantelando el sindicato docente. Docentes con experiencia y arraigo comunitario fueron sustituidos por jóvenes reclutas de Teach for America con poca experiencia. Los intereses capitalistas, con el respaldo de autoridades locales corruptas, lograron su plan de privatizar lo que antes eran bienes públicos de la ciudad.
Años después, aunque Nueva Orleans se haya “limpiado” cosméticamente y la industria turística, insignia de la ciudad, se haya recuperado, la calidad de vida de la clase trabajadora sigue siendo insuficiente, con infraestructura en ruinas, calles llenas de baches y servicios municipales desacreditados, como la notoriamente corrupta Junta de Alcantarillado y Agua y el monopolio eléctrico casi universalmente detestado, Entergy.
El 43 % de niñas y niños negros vive en la pobreza
Hoy, Nueva Orleans tiene la mayor desigualdad de ingreso de cualquier gran ciudad. Casi un tercio de las y los niños vive en la pobreza, pero entre niñas y niños negros esa cifra es del 43 %.
Shaundreca Carter reflexionó en el vigésimo aniversario de Katrina: “Veinte años después, mi comunidad sigue siendo un desastre. Antes era una comunidad próspera, pero ahora es solo un desierto alimentario. Volver al Ninth Ward es detonante. Parte el alma”.
La ciudad alberga un número inusualmente alto de lotes baldíos — se calcula unos 15.000 — que incluyen 6.000 viviendas vacías. Si la clase trabajadora tuviera control democrático de la ciudad, estas unidades podrían reorientarse con fines racionales. Los edificios vacíos podrían transformarse en viviendas para albergar a miles de personas sin techo, y los lotes baldíos, hoy un dolor a la vista, podrían convertirse en clínicas de salud, guarderías, centros comunitarios o parques públicos.
Se pronostica clima más extremo, pero Trump recorta servicios
A medida que se agrava la crisis climática impulsada por el capitalismo, la amenaza de desplazamiento masivo se cierne con fuerza. Los recortes recientes del gobierno de Trump a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency, FEMA), al Servicio Nacional de Meteorología (National Weather Service, NWS) y a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA) no hacen sino profundizar la magnitud de la destrucción, como se vio con las muertes prevenibles causadas por las inundaciones en Texas Central este verano, o con el huracán Helene en Carolina del Norte en septiembre de 2024.
El sistema capitalista ha demostrado ser totalmente inepto ante desastres que amenazan la vida. La escala de desastre climático que estamos viviendo exige un enfoque integral y proactivo que priorice la vida humana, no un juego de “esperar y ver” con nuestras vidas.
Es hora de exigir políticas de huracanes “primero la gente”
Esta temporada de huracanes, organizadoras y organizadores de la filial de Luisiana del Partido por el Socialismo y la Liberación (Party for Socialism and Liberation, PSL) lanzaron la campaña Cut the Check!, para exigir políticas de huracanes que pongan a la gente primero en Nueva Orleans. Entre las demandas al Ayuntamiento de Nueva Orleans están: gastar los 600 millones de dólares de fondos de la FEMA asignados hace diez años para reparar infraestructura; aumentar el financiamiento para preparación ante emergencias; ampliar el programa de evacuación asistida por la ciudad; y establecer procedimientos plenos de transparencia y rendición de cuentas. La campaña ha sido respaldada por una amplia coalición de organizaciones comunitarias e incluso por candidaturas que compiten este año por el Concejo y la Alcaldía.
Las historias de horror del huracán Katrina revelan el carácter brutal y racista de este sistema que prioriza la ganancia por encima de la gente. Todo desastre “natural” se convierte en un desastre provocado por decisiones humanas cuando toca costas capitalistas.
A medida que el cambio climático se intensifica y los huracanes se vuelven más frecuentes y severos, la necesidad de un sistema que proteja la vida humana es más urgente que nunca. Bajo un sistema socialista, la seguridad, la preparación y la salud de las comunidades históricamente oprimidas serían una prioridad. Necesitamos un sistema de preparación y respuesta a emergencias planificado de manera central que pueda invertir de forma proactiva en infraestructura para reducir las inundaciones y salvar vidas. Nos toca a nosotras y nosotros, como clase trabajadora, unirnos, organizarnos y exigir el futuro justo que sabemos que es posible.
Foto: Protesta de 2007 en St. Bernard Houses, vivienda pública innecesariamente demolida por la ciudad y nunca reemplazada. Crédito: Wikimedia Commons, Karen Apricot.

