Médicos cubanos llegan a Sudáfrica en 2020 para apoyar los esfuerzos contra el COVID-19. Crédito: Flickr/governmentza (CC BY-ND 2.0)
El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quiere poner fin a las brigadas médicas internacionales de Cuba, que han proporcionado atención médica esencial a millones de personas en todo el mundo. El 25 de febrero, Rubio impuso restricciones de visa a cualquier persona involucrada en las misiones médicas cubanas en el extranjero, incluyendo a médicos, a sus familias y a funcionarios extranjeros que trabajen con personal cubano.
Rubio afirma que estas misiones médicas —que brindan atención vital a millones de personas en el Sur Global— son en realidad una forma encubierta de “trabajo forzado”. El 7 de abril, el congresista de Florida Carlos Giménez fue más allá y declaró que Estados Unidos debería imponer sanciones a los gobiernos extranjeros que se han beneficiado de las misiones médicas cubanas. Esta escalada en la agresión estadounidense contra Cuba representa una amenaza para la salud internacional y ya ha sido condenada por múltiples gobiernos extranjeros.
La historia del internacionalismo médico cubano
Las misiones médicas de Cuba son la joya de la corona de su compromiso con el internacionalismo socialista. Tras la Revolución en 1959, el gobierno cubano comenzó a invertir masivamente en educación y en investigación científica. Desde entonces, Cuba cuenta con salud universal y gratuita, universidades de medicina gratuitas, e investigación médica y biotecnológica financiada enteramente por el Estado. Hoy en día, Cuba tiene la mayor cantidad de médicos per cápita del mundo. A pesar de las sanciones paralizantes impuestas por Estados Unidos —que impiden el acceso a medicamentos e insumos esenciales— Cuba tiene una mayor esperanza de vida y una menor tasa de mortalidad infantil que EE. UU. Y desde los primeros años del proceso revolucionario, Cuba no se ha limitado a sí misma: comparte sus logros con el mundo.
Apenas cuatro años después de la Revolución, Cuba envió su primera misión médica a Argelia. Tras su independencia del colonialismo francés, Argelia enfrentaba una crisis sanitaria. Un equipo de 54 profesionales de la salud cubanos se ofreció voluntariamente para llenar el vacío dejado por la salida de los médicos franceses. En las décadas siguientes, Cuba ha enviado a más de 600,000 profesionales de la salud a más de 160 países. Esto incluye brigadas de emergencia tras desastres naturales, campañas de vacunación y estadías prolongadas para subsanar déficits estructurales en los sistemas de salud.
Tras el paso del huracán Katrina en 2005, Cuba ofreció enviar más de 1,500 médicos y 36 toneladas de medicinas a Estados Unidos. La administración de Bush no solo permitió que casi 1,400 personas murieran por su respuesta ineficaz, sino que también rechazó la oferta solidaria de Cuba. En respuesta a esta agresión, y en beneficio del mundo, Cuba redobló su compromiso con el internacionalismo médico. Castro renombró las misiones como el “Contingente Internacional de Médicos Especializados en Desastres y Epidemias Graves Henry Reeve”, en honor al soldado estadounidense que luchó por la independencia de Cuba en 1876. Poco después del huracán, Cuba envió 27 brigadas a 19 países.
Las brigadas Henry Reeve se enfocan en comunidades desatendidas y en la construcción de solidaridad entre pueblos afectados por el imperialismo. Tras el terremoto en Haití en 2010 y durante la epidemia de ébola en África Occidental en 2013, las y los médicos cubanos fueron los primeros en llegar. A partir de 2013, Cuba envió a 8,500 médicos a Brasil para brindar atención gratuita a comunidades indígenas rurales. Gracias a este programa, la mortalidad infantil disminuyó hasta un 10% en algunas regiones. Cuando el presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro asumió en 2018, expulsó a las brigadas cubanas, poniendo en riesgo la atención de 28 millones de personas.
Durante la pandemia de COVID-19, decenas de países solicitaron apoyo a Cuba. Para septiembre de 2020, más de 4,000 médicos cubanos fueron enviados a 40 países. En países pobres como Haití, Jamaica y Togo, el apoyo cubano fue pilar central de la respuesta nacional al virus. Mientras EE. UU. acaparaba vacunas y propiedad intelectual, Cuba produjo cinco vacunas y las compartió con otros países con recursos limitados y sometidos a sanciones. En su propio territorio, Cuba tuvo una tasa de mortalidad mucho menor y una tasa de vacunación mucho más alta que Estados Unidos.
Muchos países que reciben brigadas cubanas pagan tanto a los médicos como al Estado cubano. El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos impide que Cuba acceda a bancos extranjeros o comercie con países que tienen vínculos comerciales con EE. UU., lo que convierte a las brigadas Henry Reeve en una de las únicas fuentes de ingreso externo del país. Cuba también intercambia servicios médicos por bienes: por ejemplo, recibe petróleo subsidiado de Venezuela. Los ingresos de estas misiones se reinvierten en el sistema de salud y otros servicios públicos.
Sin embargo, Cuba continúa enviando brigadas totalmente gratuitas a países en situación crítica, y también atiende a pacientes extranjeros en sus hospitales. En 2004, lanzó junto a Venezuela el programa “Operación Milagro”, que ha ofrecido millones de cirugías oculares gratuitas a personas con ceguera reversible. Además, las escuelas de medicina en Cuba reciben gratuitamente a estudiantes de todo el mundo —incluyendo de EE. UU.
Dado el amplio compromiso de Cuba con la salud global, no sorprende que decenas de países —incluidos aliados de EE. UU.— hayan salido en defensa de las brigadas desde febrero. Líderes de San Vicente y las Granadinas y de Jamaica han recalcado la importancia de estas brigadas y han desmentido las acusaciones de “trabajo forzado” y “trata de personas”.
Cada acusación es una confesión
La afirmación de Rubio de que las y los médicos cubanos son víctimas de “trabajo forzado” carece completamente de fundamento. Las misiones son voluntarias. El sistema socialista cubano de educación médica pone énfasis en la compasión y el cuidado colectivo, y tras recibir formación gratuita, muchas y muchos profesionales deciden continuar el legado internacionalista de su país. Además, los médicos cubanos ganan más durante sus misiones en el extranjero, lo que les permite apoyar a sus familias. El hecho de que el Estado también reciba ingresos por esas misiones no es más que un mecanismo para sostener y fortalecer los servicios públicos de salud.
De hecho, muchas de las afirmaciones de Rubio describen más adecuadamente al sistema de salud de EE. UU. Según él, las misiones médicas cubanas “privan al pueblo cubano de la atención médica que tanto necesita”. Sin embargo, en Cuba el 100% de la población recibe atención gratuita, porque se considera un derecho humano bajo el socialismo. En contraste, el 45% de la población estadounidense tiene dificultades para acceder a la atención médica. Esto se debe a que, bajo el capitalismo, las aseguradoras privadas, los consorcios hospitalarios y las farmacéuticas acumulan billones de dólares vendiendo la salud como mercancía. De hecho, dos tercios de las personas que se declaran en bancarrota en EE. UU. lo hacen por gastos médicos.
Rubio es un ferviente defensor de las políticas de Trump para privatizar Medicare, despedir a miles de trabajadores de la salud pública y recortar 880 mil millones de dólares del programa Medicaid, dejando a decenas de millones de personas sin cobertura en nombre de la “austeridad”. Aun así, Cuba gasta apenas una décima parte de lo que gasta EE. UU. por persona en salud… y obtiene mejores resultados. Esto es posible porque prioriza la atención preventiva. Clínicas comunitarias ofrecen atención primaria y servicios de diagnóstico, y las visitas a domicilio son comunes. Las y los médicos están integrados en sus comunidades y priorizan relaciones de confianza con sus pacientes. En contraste, el sistema de salud estadounidense es ineficiente, impersonal y descuida la prevención, generando desconfianza generalizada.
¡Fin al bloqueo!
La única razón por la cual algunas personas en Cuba carecen de medicamentos o insumos médicos es el bloqueo inhumano impuesto por Estados Unidos. Debido a sus restricciones comerciales, Cuba no puede importar suministros básicos como jeringas, marcapasos o medicamentos esenciales. Las patentes y restricciones de exportación obligan a producir sus propios fármacos. Además, el bloqueo impide importar alimentos, combustible y materiales de construcción. El país sufre apagones frecuentes porque no puede reparar su red eléctrica. EE. UU. ha mantenido un régimen de sanciones severas contra Cuba desde la Revolución, y las políticas de Trump las endurecieron aún más.
Levantar el bloqueo es una cuestión de vida o muerte, no solo para el pueblo cubano, sino para todas las personas que se benefician de la solidaridad médica de Cuba en el mundo. La clase trabajadora en Estados Unidos debe solidarizarse con el pueblo cubano frente a la agresión imperialista… y frente a la guerra económica que también enfrentamos en casa.
